Pueblo mexicano famosos

18-nov-2017 - Explora el tablero 'Actores Mexicanos.' de Nora Nardacchione, que 215 personas siguen en Pinterest. Ver más ideas sobre Actriz mexicana, Actores, Pedro infante. 02-jun-2020 - Explora el tablero de Yisus Vázquez 'Pueblo mexicano' en Pinterest. Ver más ideas sobre Cine de oro mexicano, Pueblo mexicano, Fotos de pedro infante. Son una comunidad de casi un millón y medio pero pocos en México están conscientes de su existencia. Deben soportar abusos de la policía que no les cree que sean mexicanos y ahora luchan por ... Si alguna vez te pidieran que imaginaras cómo es el pueblo mexicano por excelencia, probablemente pensarías en algo cercano a este lugar. Ubicado en la costa del Pacífico, es muy popular entre ... Los mexicanos y las mexicanas utilizamos en nuestras conversaciones diarias una gran variedad de palabras y frases que son expresiones propias de nuestro pueblo. A estas expresiones se les denominan modismos y aunque son populares y tradicionales para los mexicanos, resultan extrañas, confusas y hasta coloquiales para los extranjeros. A continuación te presentamos algunos de los muralistas menos conocidos pero igualmente importantes en el arte mexicano: Olga Costa. Alemana de nacimiento, mexicana por naturalización y de corazón, Olga Costa fue una pintora que rompió con los estereotipos de esa época. Si el pueblo mexicano acudió en masa a su entierro, 60 años atrás, es notable como hasta la fecha mucha gente sigue acudiendo a dejarle flores a su tumba en cada aniversario luctuoso. Nadie se ... Publicidad de Google Diego Rivera fue un muralista mexicano muy reconocido, de marcada ideología comunista y reconocido por plasmar en sus obras siempre contenido social en los edificios públicos en donde trabajaba. 11 obras más famosas de Diego Rivera El hombre en el cruce de caminos – Es una obra que se dio como un encargo de John D. Rockefeller Jr. Que después se mandó a destruir ... En los últimos 150 años, los pintores mexicanos se han convertido en un referente artístico a nivel mundial. Claramente influenciados por su contexto geopolítico e histórico, a los pintores mexicanos los une en su mayoría un fuerte compromiso con las causas sociales de su época –en particular, de la primera mitad del siglo XX. 2 dic. 2019 - Explora el tablero de yoyarg 'Pueblo mexicano' en Pinterest. Ve más ideas sobre Fotos de mexico, Pueblo mexicano y Fotografía antigua.

Te Quiero Tanto

2017.08.05 06:15 nestorlavox Te Quiero Tanto

TE QUIERO TANTO is a single by Nestor La Vox. Who is Nestor La Vox? NESTOR LA VOX (Néstor Francisco Martin) nació en Santurce un 8 de enero de 1965 y cursó sus primeros estudios de enseñanza general en los colegios La Sagrada Familia y el colegio De La Salle en Bayamón, Puerto Rico. Desde pequeño le llamaban "El Sajorí" y "Tito" por su inquieta personalidad que muy pronto volcó en la música. La Vox proviene de una familia de agricultores y trovadores se las montañas de Barranquitas donde, desde bebé, pasaba las Navidades parrandeando fascinado con la musicalidad de sus tíos y primos, todos músicos y trovadores autodidactas, no faltó mucho para que sus genes musicales tomaran control de su vida. De aquellos estudios, el joven Néstor La Vox, pasó a matricularse en la Universidad de Puerto Rico donde, mientras terminaba su bachillerato en Mercadeo, comenzó a entrenar como bailarín en las compañías de Sophy Sanfiorenzo y posteriormente el fenecido Edwin Ballester, y como "corista" de Olga Tañon, Lefty Perez y varias agrupaciones de rock y salsa locales. Tanta fue su dedicación que formó parte del exclusivo grupo de bailarines profesionales que dominaron nuestros escenarios y canales de televisión en la década de los 90. A La Vox se le podía observar un fin de semana bailando con Yolandita Monje, el siguiente con Ednita Nazario el próximo con Lourdes Robles y así consecutivamente con todos los artistas internacionales y del patio durante esta década. Eventualmente adicionó para el desaparecido show norteamericano STAR SEARCH, con su banda Funky Bunch donde se alzó con la victoria, quizás el primer artista puertorriqueño en ganar el famoso evento. Su pasión musical lo llevó hasta Boston donde se matriculó en Berklee School of Music formalizando sus estudios en música especializándose en composición y arreglo comercial. Posterior a sus años en Boston se trasladó a Miami donde fundó la compañía de producción VITAMIN M convirtiéndose en el principal productor musical de las campañas publicitarias de Goya Foods International componiendo campañas consideradas emblemáticas y verdaderos clásicos de la publicidad latinoamericana. A Goya Foods le siguieron Ford, GM, Mc Donald’s, Miller Brewing Co. American Airlines, Publix Supermarkets, Toyota, Pollo Tropical, US Army y todas estas campañas para el mercado hispano de Estados Unidos. La Vox es discípulo del gran compositor puertorriqueño Rodolfo "NAVA" Barreras siendo este su mayor influencia no solo musical sino espiritual y mística, Su carácter musical se desarrolló durante la época de los 80 y 90. La Salsa, La Trova y el Rock Clásico y el Rap forjaron en este músico la identidad que hoy define su sonido. La Vox fue uno de los primeros "Híbridos" Rockero/Cocolo/Rapero que vio nuestro país, producto de la "Burundanga Musical" que fue Puerto Rico durante los 80's y 90's, La humildad mágica de Bob Marley lo trajo de nuevo a la tierra y la humildad de pueblo de Chuito, El Topo, Andrés Jiménez, Sammy Marrero y Juan Luis Guerra estallaron en su corazón musical al conectarlo de nuevo con sus raíces, desde donde, según él, su corazón late a ritmo de "Burundanga Boricua". En su aventurar, La Vox se ha forjado una reputación de un compositor sumamente sensible, sus letras fluctúan entre lo sublime de su poesía y lo mundano de su urbanidad y lo han colocado entre los compositores favoritos del líder de la banda Los Temerarios Adolfo Angel, Mexicano, Taino, Roselyn Sanchez, La India, Raymond Castellón, el productor dominicano Roy Tavaré, el ex-integrante de 4:40 Marco Hernandez y la super estrella del beisbol de grandes ligas David "Big Papi" Ortiz. Néstor La Vox es un lector empedernido y su casa esta llena de libros donde disfruta las obras literarias de Pablo Neruda, Federico Garcia Lorca, Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Mario Benedetti. La Vox es un estudioso de la literatura latinoamericana y su prosa se ve influenciada por su pasión a la poesía. En el 2007, después de haber trabajado en los álbumes de mas de una veintena de artistas, La Vox lanza su álbum "Néstor La Vox...Las Profecías de un Loco" un proyecto local para el sur de la Florida y de distribución exclusivamente digital, esta iniciativa lo llevó de gira por toda la Florida, Bolivia y República Dominicana donde abrió el espectacular evento de modas "Gala de la Belleza" producido por Sixto Nolasco. La Vox es un tipo tranquilo y se pasa las horas encerrado en su estudio de grabación. La Vox es un hombre informal y humilde, a nadie le niega una sonrisa y es muy común verle lo mismo componiendo en su estudio, como tomándose una piragua en el Viejo San Juan, comprando verduras en cualquier mercado orgánico de la isla, cocinando para una reunión familiar o produciendo la música para la próxima campaña publicitaria de una corporación multinacional. El productor vive en un mundo de música, espiritualidad y creatividad y lo más importante en este mundo lo son Dios, su familia y todos aquellos amigos de toda la vida con quienes tiene muchas historias que recordar. Luego de un casi 10 años La Vox se encuentra en la producción de su nuevo álbum "La Iluminación de un Jíbaro".
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2016.12.25 15:24 EnciclopedistadeTlon Domingo de lectura 28: S. Ocampo, Foucault, Zhuangzhi, Peza y Trillo/Altuna

La idea es que cada domingo elijamos al azar textos del documento online en el que cargo las sugerencias de todos.
 
 
Los textos de este domingo (tirada de números).
 
1) Ficción breve: “Autobiografía de Irene” de Silvina Ocampo.
Silvina Ocampo (1903-93) fue una escritora, cuentista, poeta y artista plástica argentina. Durante gran parte de su vida, su figura fue opacada por las de su hermana Victoria, su esposo, Adolfo Bioy Casares, y su amigo Jorge Luis Borges, pero con el tiempo su obra ganó gran reconocimiento. Entre sus temas recurrentes están la identidad, la alteridad, las metamorfosis y la niñez vista desde una óptica perversa o extraña.
 
2) No-ficción breve: Fragmento de la presentación “¿Qué es un autor?” de Michel Foucault (PDF, pp. 16-23).
Michel Foucault (1926-84) fue un historiador de las ideas, psicólogo, teórico social, filósofo y profesor universitario francés. Es conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones sociales, en especial la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas y el sistema de prisiones, así como por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana. Sus análisis sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido ampliamente debatidos. Estuvo asociado al estructuralismo, movimiento del que luego se distanció, y rechazó las etiquetas de postestructuralista y postmoderno que le eran aplicadas habitualmente. Fue influido profundamente por filósofos alemanes como Kant, Nietzsche y Heidegger.
 
3) Microrrelato: “Sueño de la mariposa” de Zhuangzhi, o Chuang Tzu.
Zhuangzi (ca. 369-290 a. C.), o Chuang Tzu, fue un filósofo de la antigua China que vivió alrededor del siglo IV a. C. durante el período de los Reinos combatientes, y que corresponde a la cumbre de la filosofía china de las Cien escuelas del pensamiento. Se lo considera el segundo taoísta más importante, por detrás tan sólo de Laozi, y heredero del pensamiento de este. También es considerado un precursor de lo que se llamaría con el tiempo anarquismo.
 
Sueño de la mariposa
Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.
 
4) Poesía: “Reír llorando” de Juan de Dios Peza, sugerido por siniestra.
Juan de Dios Peza (1852-1910) fue un poeta, político, escritor y periodista mexicano. Es conocido por su adhesión al liberalismo político y también por su apodo de “el poeta del hogar”, pues su obra refleja la defensa tradicionalista de los valores de la familia y la patria. Su libro más afamado es Cantos del hogar, obra poética intimista.
 
Reír llorando
 
Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.
 
Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
 
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
 
»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».
 
—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!
 
—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho... mucho...
 
—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.
 
—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.
 
—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.
 
—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.
 
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
 
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!
 
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.
 
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.
 
5) Webcómic: Selección de viñetas de Las puertitas del Sr. López de Carlos Trillo y Horacio Altuna, sugerido por Pitusas_Boy.
Carlos Trillo (1943-2011) fue un guionista de historietas, escritor y editor argentino. Fue uno de los guionistas más populares y prolíficos de la historieta argentina. Su obra abarca un gran abanico de géneros, en colaboración con dibujantes de los estilos más variados. Fue un gran difusor del medio, que analizó en varios estudios críticos.
Horacio Altuna (1941) es un historietista argentino reconocido internacionalmente por su obra, en la que destacan El Loco Chávez y Las puertitas del Sr. López. Frecuenta el género erótico.
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2016.06.05 09:24 ShaunaDorothy EE.UU. - La intervención en México: Preludio a la Guerra Civil - ¡Terminar la Guerra Civil! ¡Por la liberación de los negros mediante la revolución socialista! (Junio de 2013)

https://archive.is/dlkAK
Espartaco No. 38 Junio de 2013
A continuación imprimimos, editada para publicación, la segunda parte de una presentación de Jacob Zorn de la Spartacist League/U.S. (sección de la Liga Comunista Internacional) en un foro en la ciudad de Nueva York del 28 de febrero de 2009. La primera parte fue publicada en Espartaco No. 37 (febrero de 2013).
¿Por qué EE.UU. invadió México? Como marxistas, entendemos que hubo intereses de clase en juego; la principal clase que incitaba a la guerra fue la esclavocracia. Como el veterano trotskista estadounidense Richard S. Fraser afirmó: “La guerra se libró no sólo por la conquista en general, pero sobre todo para extender la esclavitud y el poder político del sistema esclavista”. El objetivo del poder esclavista de extender la esclavitud a través de la conquista de México no era un secreto. Un periódico de Georgia declaró que tomar territorio de México podría “asegurar el equilibrio de poder para el Sur en la Confederación [es decir, en Estados Unidos], y, para el tiempo venidero...darle el control en las operaciones del gobierno” (citado en Battle Cry of Freedom: The Civil War Era [Grito de batalla de la libertad: La era de la Guerra Civil] de James McPherson [1988]). En sus Memorias Personales, Ulysses S. Grant reconoció que la anexión de Texas fue “desde la concepción del movimiento hasta su consumación definitiva, una conspiración para adquirir territorio a partir del cual se formarían estados esclavistas para la Unión Americana”.
La invasión fue muy impopular entre los norteños, que la apodaron “la guerra del Sr. Polk”, refiriéndose al entonces presidente James Polk, un demócrata sureño. William Lloyd Garrison, uno de los principales abolicionistas del momento, sostuvo en el Liberator: “Sólo esperamos que, si se ha tenido que derramar sangre, haya sido la de los estadounidenses, y que las próximas noticias que oigamos sean que el general Scott y su ejército están en manos de los mexicanos”. En 1846, Frederick Douglass denunció la anexión de Texas como “una conspiración de principio a fin —una de las más profundas y más hábilmente fraguadas— con el fin de defender y sostener uno de los crímenes más oscuros y viles cometidos por el hombre” (Belfast News Letter, 6 de enero de 1846).
La guerra fue un catalizador. Hizo que los propietarios de esclavos del Sur y los capitalistas del Norte se volvieran cada vez menos compatibles. Dejó claro, como lo afirmó Abraham Lincoln en un famoso discurso de 1858, que “este gobierno no puede tolerar permanentemente ser mitad esclavista y mitad libre”. Muchos norteños se sintieron traicionados por el compromiso de 1846 sobre Oregón entre Polk y Gran Bretaña —que declinaba los reclamos estadounidenses por gran parte de Canadá y estableció la actual frontera entre ambos países— y se opusieron a la invasión de México. Lincoln, en ese momento recién elegido congresista de Illinois por el Partido Whig, denunció al presidente Polk como mentiroso por declarar que se había asesinado a estadounidenses en suelo propio. Lincoln era representante de una sección creciente de la burguesía norteña que, aunque estaba dispuesta a tolerar la continua existencia de la esclavitud en el Sur, se oponía a su extensión y quería limitar la expansión del poder esclavista. Antes de la invasión, norteños de ambos partidos se habían mostrado dispuestos a aceptar el predominio de la esclavocracia; a raíz de la invasión, ambos partidos se fueron dividiendo cada vez más entre sus secciones norteñas y sureñas. El expresidente demócrata Martin Van Buren de Nueva York se opuso a la anexión de Texas y a la extensión de la esclavitud; rompió con los demócratas, y con el tiempo fue candidato para presidente por el Partido Tierra Libre [Free Soil] en 1848.
David Wilmot, un congresista demócrata por Pensilvania, expresó esta hostilidad cuando añadió una cláusula al proyecto de ley referente a los créditos para la invasión de 1846 que prohibía la esclavitud en cualquier territorio arrebatado a México. La Cámara de Representantes aprobó esta disposición tanto en 1846 como en 1847, pero el Senado votó en contra en ambos años pues el Sur lo dominaba. La condición Wilmot muestra que las contradicciones entre el sistema esclavista del Sur y el sistema capitalista del Norte ya no podían convivir en el mismo país. Esto no significó que diversos representantes de ambas partes no intentaran más compromisos, pero esos intentos fueron cada vez más infructuosos.
El fin de la guerra
En 1848, con las tropas estadounidenses ocupando la mayor parte del país, incluida la capital, México firmó un tratado de paz con EE.UU. —el Tratado de Guadalupe Hidalgo—. El tratado estableció la frontera en el Río Bravo [Río Grande], cediendo a EE.UU. casi la mitad de México; a cambio, EE.UU. aceptó pagar 15 millones de dólares y se comprometió a evitar que los indios que vivían en territorio estadounidense atacaran México. Aun así, muchos expansionistas sureños se quejaron de que EE.UU. no obtuvo suficiente: muchos propietarios de esclavos querían que su “imperio para la esclavitud” se extendiera a través de todo México hacia Centroamérica, el Caribe y quizás incluso hasta Brasil.
Poco después de la guerra, con el descubrimiento de oro, miles de inmigrantes se asentaron en California. Hay un libro muy interesante que salió hace poco llamado The California Gold Rush and the Coming of the Civil War [La fiebre del oro en California y el arribo de la Guerra Civil] (2007) de Leonard Richards, que muestra cómo muchos sureños querían extender la esclavitud a California. En 1854, EE.UU. compró La Mesilla —actualmente al sur de Arizona y al suroeste de Nuevo México— con el fin de construir un ferrocarril que atravesara ese territorio hacia California. En EE.UU. esto se conoce como la Compra Gadsden, en referencia a James Gadsden, quien fue el enviado estadounidense para negociar con Santa Anna sobre esta cuestión. Esto se suele recordar porque Gadsden era un ejecutivo de ferrocarriles que se benefició personalmente de la Compra Gadsden. También se le podría llamar la compra Gadsden-Davis, pues el secretario de guerra Jefferson Davis apoyó este proyecto de ferrocarril como una forma de conectar California al Sur y así ampliar el poder de la esclavocracia hacia el suroeste. Davis, que también luchó en el ejército de EE.UU. durante la intervención en México, por supuesto, se convirtió en el líder de la Confederación durante la Guerra Civil.
Los sureños no renunciaron a su deseo de expandirse hacia el sur. Una década después de la invasión de México, un líder del Sur sostuvo: “Quiero Cuba. Quiero Tamaulipas, [San Luis] Potosí, y uno o dos estados mexicanos más; y los quiero a todos por la misma razón: para fundar o propagar la esclavitud”. Luego estaban los llamados filibusteros, estadounidenses respaldados por el Sur que trataban de establecer gobiernos favorables a la esclavitud, que invadieron distintos lugares en el norte de México, Centroamérica y el Caribe. Uno de los más famosos fue el Dr. William Walker, quien incluso se hizo brevemente presidente de Nicaragua en 1856. Una de las cosas que hizo allí fue intentar restablecer la esclavitud. EE.UU. también intentó, sin éxito, comprarle Cuba a España. En Cuba aún se practicaba la esclavitud en las plantaciones. En 1898, consecuentemente, EE.UU. luchó una guerra contra España para quitarle Cuba junto con Puerto Rico y las Filipinas; para ese entonces, aunque la esclavitud ya había sido abolida, EE.UU. consiguió exportar a estos países la segregación tipo Jim Crow.
A pesar de que el Tratado de Guadalupe Hidalgo otorgaba la ciudadanía estadounidense después de un año a los mexicanos en el nuevo territorio de EE.UU., estos mexicanos enfrentaron discriminación racista. Muchos mexicanos propietarios de tierras fueron despojados de sus posesiones al norte del Río Bravo. Los mexicanos también fueron objeto de ataques racistas por los sheriffs, los Texas Rangers y vigilantes armados. Entre 1848 y 1928, por lo menos 597 mexicanos fueron linchados por turbas en EE.UU. Los indígenas que vivían en ese territorio también sufrieron ataques genocidas, tal y como sucedía en el lado mexicano.
Para México, la pérdida de gran parte de su territorio nacional agudizó su inestabilidad. Aunque sería demasiado simplista decir que la invasión de México en 1846 condujo a la posterior dominación imperialista de EE.UU. sobre el país, sí desempeñó un papel importante en el retraso del desarrollo en México. En el último cuarto del siglo XIX, cuando México estaba bajo la sangrienta dictadura de Porfirio Díaz, los capitalistas estadounidenses poseían gran parte de la riqueza de México y mantuvieron al país sometido para enriquecer al imperialismo estadounidense.
Los marxistas y la invasión de México
Cuando estábamos diseñando el volante para anunciar este foro, sugerí el título “La invasión estadounidense de México: Un análisis marxista”. Afortunadamente no lo escogimos, pero en realidad es una cuestión mucho más complicada de lo que parece. Como marxistas en EE.UU., la Spartacist League/U.S. se opone a la expansión depredadora de Estados Unidos. Sin embargo, en un sentido marxista, Estados Unidos no era imperialista en 1846. El imperialismo no sólo significa un país grande apropiándose del territorio de un país pequeño, sino más bien es, como explicó Lenin, la última fase del capitalismo, una época de guerras y revoluciones en la que la economía mundial entra en colisión violenta contra las barreras impuestas por el estado-nación capitalista. En 1846, EE.UU. aún era una economía capitalista en desarrollo y la burguesía estadounidense era aún, objetivamente hablando, una clase progresista: su tarea de destruir la esclavitud aún estaba pendiente.
Hoy, desde luego, Estados Unidos es el país imperialista más poderoso y no hay nada progresista con respecto a la burguesía estadounidense. Mantiene a México y a Latinoamérica subyugados a través de acuerdos comerciales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y, si es necesario, mediante fuerzas militares. Como escribimos en la declaración programática de la SL/U.S., “For Socialist Revolution in the Bastion of World Imperialism!” [¡Por la revolución socialista en el bastión del imperialismo mundial!]:
“Un gobierno obrero en EE.UU. también devolvería a México determinadas regiones fronterizas del suroeste, donde el habla hispana es predominante, que fueron arrebatadas a México. Este gesto internacionalista debilitaría eficazmente el nacionalismo antiyanqui que las clases dominantes de América Latina utilizan para atar a los obreros y sería de gran valor en la extensión del apoyo a la revolución proletaria en toda América Latina”.
A pesar de que les molesta la dominación de EE.UU., los capitalistas mexicanos y de otros países de América Latina tienen aún más temor a su propia clase obrera. Utilizan la Intervención Estadounidense, como se le llama, junto con la continua opresión de EE.UU. a México, para difundir la mentira de que los obreros y los capitalistas mexicanos tienen un interés común. La burguesía mexicana también procura oscurecer el hecho de que la estadounidense es una sociedad dividida en clases y que los obreros estadounidenses son los hermanos de clase —y cada vez más los verdaderos hermanos— de los trabajadores mexicanos. Poner fin a la subyugación imperialista de América Latina —y el resto del mundo semicolonial— requiere que la clase obrera en EE.UU. tome el poder como parte de revoluciones socialistas en toda América. Y los obreros estadounidenses también deben luchar por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes y contra el imperialismo estadounidense en América Latina y el resto del mundo. Por esto nos oponemos al TLCAN, la rapiña de “libre comercio” contra México —no por razones proteccionistas, sino porque ha significado miseria para los trabajadores y campesinos mexicanos—. Y la oposición al racismo antiinmigrante en EE.UU. está directamente relacionada con la lucha contra la opresión de los negros, como lo muestra la historia de la invasión estadounidense a México.
En México, los nacionalistas que tratan de desacreditar el socialismo a veces denuncian a Marx y Engels por haber apoyado la invasión estadounidense. Y en todo el Tercer Mundo, a veces también se les llama “racistas”. En 1848, Engels escribió acerca de la guerra:
“En América hemos presenciado la conquista de México, la que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país semejante sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. Es en interés del desarrollo de toda América que los Estados Unidos, mediante la ocupación de California, obtienen el predominio sobre el Océano Pacífico. ¿Pero quién, volvemos a interrogar, saldrá ganancioso, por de pronto, de la guerra? Sólo la burguesía”.
Algunos años después, en 1854, Marx le escribió a Engels sobre la guerra, llamándola “una digna obertura para la historia bélica de la gran Yanquilandia”. Varios días después, en otra carta, elogió el “sentido de independencia y capacidad individual Yanqui” y criticó a los mexicanos: “Los españoles están completamente degenerados. Pero, con todo, un español degenerado, un mexicano, constituye un ideal”.
Bueno, esto es lo que se usa en contra de Marx y Engels. Y Marx y Engels estaban equivocados —pero no porque se pusieran a favor del imperialismo de EE.UU. o porque fueran racistas—. El periodo de la invasión de México se dio muy temprano en el desarrollo del marxismo, antes de que se publicara el Manifiesto Comunista. El capitalismo industrial aún estaba en proceso de desarrollo y Marx creía que necesitaba desarrollarse plenamente para hacer posible la revolución proletaria. El capitalismo era una fuerza progresista en ese momento, y Marx y Engels creían que uno de sus elementos más progresistas era la creación de una nación con una clase obrera unificada. Como resultado, Marx y Engels se opusieron a la libre determinación de las naciones pequeñas: ellos pensaban que esos pueblos deberían ser asimilados por las naciones más grandes. Ambos escribieron principalmente sobre los pueblos eslavos de Europa Central y Oriental, pero también lo extendieron a México. Bajo este punto de vista, la expansión del capitalismo a escala mundial no sólo beneficiaría a los países capitalistas desarrollados, sino también a los países atrasados. Como escribieron en el Manifiesto Comunista de 1848: “La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes”.
El entendimiento empírico de Marx y Engels sobre la invasión estadounidense de México estaba equivocado, pero sus premisas teóricas no lo estaban. Ellas se derivaban de una experiencia clave en la historia europea moderna que, de hecho, afectó a la familia de Marx: la ocupación napoleónica de Alemania entre 1806 y 1813. Adonde iba, llevando consigo los logros de la Revolución Francesa, Napoleón abolía las relaciones de propiedad feudales remanentes y establecía la igualdad formal ante la ley para todas las clases sociales. En Alemania, estas reformas liberales, incluyendo la emancipación de los judíos, proporcionaron un mayor impulso a los inicios del capitalismo industrial. Es decir, los logros de la revolución democrática burguesa llegaron al oeste y al sur de Alemania, gran parte de Italia e incluso al norte de los Balcanes, no por medio de una revolución nativa, sino a través de una conquista desde fuera. En muchos casos encontró resistencia reaccionaria bajo el nombre de la independencia nacional; así que para los intelectuales alemanes de la generación de Marx, una línea divisoria importante entre la izquierda y la derecha era la actitud retrospectiva frente a estas llamadas “guerras de liberación”, que en los estados alemanes fueron lideradas por la monarquía prusiana contra la ocupación napoleónica. El principio teórico de Marx y Engels de que el progreso social y económico está por encima de la independencia nacional, cuando ambas entran en conflicto, era correcto. Yo argumentaría que la posición de Marx y Engels sobre la ocupación de Napoleón fue una precursora teórica de nuestra posición de apoyo a la intervención militar de la Unión Soviética, un estado obrero degenerado, en Afganistán (que, en realidad, no es una nación) en 1979.
Marx y Engels no estaban ciegos ni eran indiferentes a los crímenes monumentales cometidos por las potencias occidentales en contra de los pueblos de Asia, África y América. Pero vieron esos crímenes como el alto costo histórico de la modernización de esas regiones atrasadas. Y como ya he mencionado, en el siglo XIX México era un desastre sin mucha esperanza de una revolución proletaria, y el “tutelaje” estadounidense, como lo puso Engels, parecía el único posible camino a seguir. En 1853, en un artículo llamado “Futuros resultados de la dominación británica en la India”, Marx y Engels escribieron:
“Inglaterra tiene que cumplir en la India una doble misión, destructora por un lado y regeneradora por otro. Tiene que destruir la vieja sociedad asiática y sentar las bases materiales de la sociedad occidental en Asia”.
Pero esta proyección no fue corroborada por el curso del desarrollo real. De hecho, a pesar de que los capitalistas introdujeron algunos elementos de tecnología industrial moderna en sus colonias y semicolonias, como el transporte por ejemplo, el efecto general fue detener el desarrollo social y económico de los países atrasados. Para mediados del siglo XIX, las burguesías europeas dejaron de ser una clase históricamente progresista frente a las viejas aristocracias derivadas del feudalismo —siendo el punto crítico la derrota de las revoluciones europeas de 1848—.
Marx y Engels generalizaron las experiencias por las que pasó Europa durante el período de las guerras napoleónicas. En el prefacio a la primera edición alemana de El capital de 1867, Marx escribió: “El país más desarrollado en el plano industrial no hace más que mostrar a los que lo siguen la imagen de su propio porvenir”. Esta afirmación describe acertadamente el desarrollo capitalista en Europa en los primeros años del siglo XIX. Al mismo tiempo, esta observación, que más tarde Trotsky describió como algo “condicional y limitado” (Lecciones de Octubre, 1924), se contradice con el hecho de que el colonialismo europeo fortaleció el atraso social y económico de los países y los pueblos que dominó.
El marxismo es una ciencia. No se basa en sabiduría recibida, sino en la observación y el análisis de la realidad social. Los marxistas no son infalibles, y, de hecho, Marx y Engels aprendieron de sus observaciones y análisis del desarrollo y expansión capitalista. No fue hasta mucho después de 1848 que Marx y Engels desarrollarían una actitud muy diferente hacia el colonialismo, expresada, por ejemplo, en su defensa de la rebelión de los cipayos en la India ocupada por los británicos en 1857-58. Irlanda es probablemente el país al que le prestaron mayor atención debido a sus conocimientos sobre la clase obrera británica. En la década de 1860, Marx y Engels llamaron por la independencia irlandesa de Gran Bretaña, no sólo por justicia hacia Irlanda, sino también como condición previa para la organización de los obreros ingleses. A fines del siglo XIX, Marx y Engels se habían convertido en paladines de la independencia colonial, y reconocieron que la modernización de Asia, África y América Latina podría tener lugar sólo en el contexto de un orden socialista mundial. El capital de Marx (escrito en 1867) contiene un análisis mordaz de lo que él llamó la “acumulación primitiva del capital” mediante la sangre y la muerte de campesinos, trabajadores y otros. Hay un buen artículo en un número reciente de Workers Vanguard que trata sobre el desarrollo de la posición marxista respecto a la cuestión nacional (ver “The National Question in the Marxist Movement, 1848-1914” [La cuestión nacional en el movimiento marxista, 1848-1914], WV No. 931, 27 de febrero de 2009).
Más en general, el imperialismo no se había desarrollado completamente en los tiempos de Marx y Engels. Les quedó a los bolcheviques lidiar plenamente con la importancia de la cuestión nacional en la época del imperialismo. Y los bolcheviques bajo Lenin y Trotsky lucharon contra todas las formas de opresión nacional y por el derecho a la libre determinación de las naciones. Y así como Marx reconoció que la modernización de Asia, África y América Latina podría tener lugar sólo en el contexto de un orden socialista mundial, Trotsky subrayó en su teoría de la revolución permanente que en los países de desarrollo capitalista atrasado la liberación nacional y la modernización social y económica sólo pueden tener lugar bajo la dictadura del proletariado, con la clase obrera luchando por extender su revolución a los países capitalistas avanzados.
En cuanto a la invasión estadounidense de México, Marx y Engels, en un sentido histórico más específico, durante ese periodo no apreciaron el hecho de que ésta fortalecía el poder de la esclavocracia —el mismo poder que se interponía en el camino a un mayor desarrollo burgués—. En la década de 1840, ellos no sabían mucho acerca de EE.UU. Pero para el periodo de la Guerra Civil, Marx y Engels habían estudiado cuidadosamente el país. Los escritos de Marx sobre la Guerra Civil Estadounidense están entre los más perspicaces frente a cualquier observador contemporáneo pues comprendía que la guerra era una guerra de clases entre dos sistemas sociales opuestos.
En 1861, al comienzo de la Guerra Civil, Marx escribió: “En la política exterior de los Estados Unidos, así como en la interior, el interés de los esclavistas servía de norte”. Mencionó en este contexto el intento de EE.UU. por comprar Cuba y a los filibusteros proesclavistas en el norte de México y Centroamérica, concluyendo que la política exterior de EE.UU. tenía como “propósito manifiesto” el “conquistar nuevo territorio para la expansión de la esclavitud y del poder de los esclavistas” (“La Guerra Civil Norteamericana”, 1861). Marx escribió que la esclavitud era la cuestión clave en la Guerra Civil, que él ligó a la guerra con México:
“El movimiento entero se fundaba y se funda, como se ve, en la cuestión de la esclavitud. No en el sentido de si en los actuales estados esclavistas deben ser liberados directamente los esclavos o no, sino en el de si los veinte millones de hombres libres del Norte deben seguir subordinados a una oligarquía de 300,000 dueños de esclavos; de si los enormes territorios de la república deberán convertirse en semilleros de estados libres o de la esclavitud; finalmente, de si la política nacional de la Unión debe enarbolar la bandera de la propagación armada de la esclavitud en México, América Central y del Sur”.
La invasión de México y el arribo de la Guerra Civil
Entonces, para el tiempo de la Guerra Civil Estadounidense, Marx reconoció que la invasión de México estaba integralmente relacionada con el desarrollo de la esclavocracia y que ésta era una de las cuestiones clave para el capitalismo estadounidense.
Quiero hablar un poco acerca de la invasión de México y el arribo de la Guerra Civil. La invasión de México planteó la pregunta: ¿Quién controlará Estados Unidos, la esclavocracia o la burguesía? La respuesta no era evidente. Uno de los mejores historiadores de la época, James McPherson, ha dicho: “En vísperas de la Guerra Civil, la agricultura en base a plantaciones era más rentable, la esclavitud más arraigada, los dueños de esclavos más prósperos, y el ‘poder esclavista’ más dominante en el Sur si no en toda la nación de lo que alguna vez había sido”. Y el Sur era cada vez más beligerante. Aunque muchos norteños querían más compromisos con el Sur, especialmente los comerciantes de Nueva York que se beneficiaban con la venta del algodón del Sur, se hizo más claro al tiempo que la burguesía crecía que el establecimiento de una sociedad capitalista unificada requeriría destruir la esclavitud —es decir, otra revolución burguesa—. La conquista de tanto territorio mexicano condujo directamente a la Guerra Civil. En sus Memorias, Grant escribió:
“La rebelión sureña fue en gran parte resultado de la Guerra Mexicana. Las naciones, como los individuos, son castigadas por sus transgresiones. Hemos conseguido nuestro castigo con la guerra más sangrienta y costosa de los tiempos modernos”.
La pregunta inmediata que planteó la invasión de México fue: ¿Este nuevo territorio arrebatado a México será esclavista o libre? Durante la fiebre del oro en San Francisco, decenas de miles de personas se apresuraron a llegar a California, y en 1850 el territorio solicitó al Congreso ser admitido como un estado libre. Esto dio lugar a otra crisis, y hubo otro “compromiso” en 1850. Al igual que sus predecesores, el compromiso de 1850 sólo retrasó el conflicto inevitable entre el Norte y el Sur. Este compromiso le permitió a California entrar como un estado libre pero mantenía al resto de los territorios mexicanos usurpados en el limbo, con sus respectivos estatus por ser decididos cuando solicitasen convertirse en estados en el futuro.
Éste sería el último gran compromiso. Y de hecho algunas partes de él —como la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850, que exigía que los estados del Norte regresaran los esclavos prófugos a sus amos en el Sur— enardecieron aún más las divisiones entre el Norte y el Sur. La década de 1850 estuvo marcada por el Norte dándose cuenta de que su continuo desarrollo como sociedad capitalista significaba deshacerse del poder esclavista, y la esclavocracia dándose cuenta cada vez más de que su dominación en el país estaba amenazada. En otras palabras, la unidad entre el Norte capitalista y el Sur esclavista se iba rompiendo. La política nacional reflejaba esto. Aunque el general Zachary Taylor del Partido Whig fue elegido presidente en 1848, después de la guerra, sería el último whig elegido presidente, pues su partido se dividió entre el Norte y el Sur con respecto a la Ley de Esclavos Fugitivos.
Incluso muchos demócratas del Norte no podían aguantar la dominación del poder esclavista en el país y su partido. Hubo una serie de partidos que se opusieron a la expansión de la esclavitud. En 1856, John C. Frémont fue el primer candidato a presidente por el Partido Republicano. Se postuló con el lema de “Tierra libre, libertad de expresión y Frémont” [Free soil, free speech and Frémont], que estaba en oposición explícita a la esclavocracia. A pesar de que no era en absoluto un partido abolicionista, el Partido Republicano comprendió que a fin de salvaguardar el crecimiento del capitalismo, el poder esclavista tendría que ser controlado y el crecimiento de territorio esclavista detenido. La decisión de 1857 de la Suprema Corte en el caso Dred Scott vs. Sandford, que declaró que el Congreso no podía restringir la esclavitud —y también declaró que las personas negras no tenían derechos en Estados Unidos— hizo la Guerra Civil casi inevitable. En 1860, cuando el primer presidente republicano, Abraham Lincoln, fue elegido con la plataforma de detener la expansión de la esclavitud, el Sur se declaró en secesión de la Unión con el fin de garantizar la esclavitud, lo cual quedó escrito en la constitución de la Confederación. O como Marx dijo: “la Confederación del Sur por lo tanto no libra una guerra de defensa, sino una guerra de conquista con miras a extender y perpetuar la esclavitud” (“La Guerra Civil en los Estados Unidos”, 1861).
Sin entrar en muchos detalles, sólo mencionaré también que la esclavocracia del Sur mantuvo su esquema sobre México. Durante la Guerra Civil, el norte de México se convirtió en un punto geográfico importante de la Confederación para tratar de romper el bloqueo de la Unión y vender algodón a Europa. Según Eugene Genovese, la Confederación tenía planes para marchar “hacia Nuevo México con la intención de seguir a Tucson y luego dirigirse al sur para tomar Sonora, Chihuahua, Durango y Tamaulipas”, y “el gobierno confederado intentó hacer tratos con Santiago Vidaurri, el hombre fuerte de Coahuila y Nuevo León, para afiliar el norte de México a la Confederación”. Casi al mismo tiempo, México mismo estaba en medio de su propia guerra, en la que Benito Juárez luchaba contra la monarquía francesa y los conservadores mexicanos como Vidaurri mientras intentaba modernizar México.
¡Terminar la Guerra Civil!
La Guerra Civil fue la Segunda Revolución Estadounidense, la última de las grandes revoluciones democrático-burguesas. Tomó cuatro años y la muerte de unos 600 mil estadounidenses —casi tantos como los que murieron en todas las demás guerras de EE.UU.— para por fin romper el poder esclavista. Incluidos en esta lucha estuvieron los casi 200 mil soldados negros que pelearon al lado de la Unión. La victoria del Norte en 1865 dio inicio al período más democrático en la historia de EE.UU., la Reconstrucción. La guerra, al garantizar el desarrollo del capitalismo estadounidense, también sentó las bases para el desarrollo de la clase obrera de Estados Unidos —el poder que puede deshacerse del capitalismo—. Hoy en día los obreros negros constituyen un componente muy importante de esta clase obrera.
Los capitalistas del Norte traicionaron la Reconstrucción y la promesa de libertad para los negros, pues persiguieron las ventajas económicas de su victoria sobre la Confederación, en lugar de promover los derechos de los negros. Hacia el final del siglo, la perversa segregación de Jim Crow se impuso. Mientras tanto, la burguesía pasó de la consolidación del poder nacional a la búsqueda del poder imperialista en el extranjero —sin dejar de lado a México y a otros países de América Latina—.
El sangriento imperialismo estadounidense es el enemigo de los obreros y los oprimidos en Estados Unidos y alrededor del mundo. Y éste sigue siendo el caso con el presidente Obama, quien tiene previsto aumentar en un 50 por ciento las tropas de ocupación imperialista en Afganistán. La liberación de los obreros y campesinos en México y América Latina exige hoy revoluciones socialistas en toda América, desde el Yukón hasta Yucatán, desde Alaska a Argentina. Nosotros, en la Spartacist League/U.S., estamos dedicados a forjar un partido obrero clasista revolucionario que sea capaz de llevar a la clase obrera al poder en EE.UU., que es lo que es necesario para aplastar al imperialismo estadounidense. La lucha por la liberación de los negros es esencial para esta tarea. Y es por ello que levantamos la consigna de “¡Terminar la Guerra Civil! ¡Por la liberación de los negros mediante la revolución socialista!”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/38/guerra.html
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2016.06.04 20:51 ShaunaDorothy El regreso del PRI y el #YoSoy132 electorero - Nuevo espectáculo del circo electoral - ¡Romper con AMLO y el PRD burgués! ¡Por un partido obrero (Septiembre de 2012)

https://archive.is/F6O86
Espartaco No. 36 Septiembre de 2012
Tras dos sexenios de gobiernos del neocristero PAN, el PRI regresará a Los Pinos este 1º de diciembre. Según los resultados oficiales de las elecciones de julio, el candidato priísta, Enrique Peña Nieto, venció a su más cercano contrincante, López Obrador (entonces del PRD), por poco más de seis puntos porcentuales, y el PAN quedó relegado al tercer puesto, otro tanto por debajo del PRD. (El PANAL obtuvo menos del 3 por ciento de los votos.)
Antes de las elecciones, para explicar por qué los espartaquistas llamamos a no votar por los partidos de la burguesía —PRI, PAN, PRD, etc.—, escribimos:
“Todos los candidatos defienden la explotación capitalista y, por ende, no harán nada para combatir los males que son consecuencia de esa explotación. No importa quién gane en julio el puesto de presidente de México, seguirá el hambre, la represión, el desempleo, la opresión de la mujer y la miserable pobreza en el campo, la cual golpea principalmente a la población indígena”.
—“¡Ni un voto a los partidos burgueses!”, Espartaco No. 35, junio de 2012
Los llamados por parte de AMLO para invalidar las elecciones presidenciales se centraron en que el PRI excedió el límite permitido de gastos de campaña y en la “compra de votos”, es decir, las apelaciones al electorado a que voten por algún partido (en este caso el PRI) mediante la distribución de despensas, camisetas u otros artículos. Esto es simplemente el funcionamiento cotidiano de la democracia electoral burguesa. La democracia burguesa es siempre una farsa para las masas oprimidas a quienes les da la opción de escoger quién va a dirigir la maquinaria de represión contra ellas durante el siguiente periodo.
Como la mayoría de las elecciones en la historia de México, éstas estuvieron plagadas por irregularidades, violencia y fraude. Sin embargo, no hay evidencia de que la escala del fraude alterara el resultado. Aparentemente, de los que se molestaron en votar, más lo hicieron por Peña Nieto que por cualquier otro candidato. Nuestra oposición al PRI no se basa en su corrupción. Nos oponemos al PRI, al PAN y al PRD/AMLO como cuestión de principios, con base en nuestro programa proletario revolucionario, no con base en cuál partido burgués es más o menos fraudulento, corrupto o represivo.
El repunte del PRI se debe no tanto al apoyo masivo a las políticas de este pragmático partido burgués, sino al rechazo al PAN, principalmente debido a la desesperada situación económica y a la brutal “guerra contra el narco”. Así, el PAN perdió ante el PRI algunos de sus bastiones cristeros fundamentales, como el estado de Jalisco y la ciudad de León. Conforme quedaba claro que la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, no tenía ninguna oportunidad de ganar y AMLO repuntaba —en buena medida impulsado por las protestas de #YoSoy132—, hasta el expresidente panista Vicente Fox dio su apoyo a Peña Nieto.
A lo largo de su campaña, López Obrador se esforzó por deshacerse de la falsa reputación de “radical” que le han dado sus oponentes del PRI y el PAN, especialmente mediante su ridícula retórica de la “república amorosa”, así como sus acuerdos con empresarios y sus insinuaciones a Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, directamente. Con ello logró sumar a su campaña a algunos capitalistas norteños destacados, aunque el grueso del electorado del norte y occidente del país —lo que incluye las regiones históricamente más católicas y panistas— apoyó al PRI. Tras las elecciones, la negativa de AMLO a reconocer a Peña Nieto como “presidente electo” parece haber renovado las añejas fricciones dentro del PRD —cuya dirigencia ya ha reconocido a EPN—, y López Obrador se ha escindido. En cualquier caso, lo que es fundamental para la clase obrera es entender que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) de AMLO es un partido burgués más, comprometido al mantenimiento de la explotación capitalista y hostil a los intereses del proletariado.
Elecciones de hambre y militarización
La crisis económica mundial y las políticas transparentemente antiobreras del régimen panista han sido ya un desastre para la población. A lo largo del sexenio, el salario mínimo aumentó apenas 28 por ciento —para llegar este año a unos miserables $62.33 por jornada laboral en la zona “A”, ¡la de salario más elevado!—. Entre tanto, los alimentos de la canasta básica aumentaron en más de 125 por ciento. Durante la primera quincena de agosto, el huevo, por ejemplo, subió 100 por ciento en el DF. Según las cifras siempre dudosas del INEGI, a mediados de 2012 el desempleo alcanzó 4.8 por ciento de la población económicamente activa; entre la población ocupada, ¡29.3 por ciento (14.2 millones de personas) labora en la “informalidad” y 8.9 por ciento (4.3 millones) se encuentra “subocupada”! Aunado a esto, la válvula de escape que representaba la migración a EE.UU. ha sido reducida por la falta de trabajos, las medidas antiinmigrantes del gobierno de Obama y el peligro que representa cruzar la frontera ante el acoso de las bandas criminales y las fuerzas policiaco-militares mexicanas y estadounidenses. Ahora, siguiendo el ejemplo de sus contrapartes en España y Grecia, entre otros, Calderón se está apresurando para hacer aprobar una nueva contrarreforma laboral que facilitaría despidos, generalizaría contratos temporales, impulsaría el outsourcing (subcontratación) y atacaría todo tipo de prestaciones elementales como la seguridad social. La legislación ataca aún más el derecho a la huelga y le da al estado nuevas herramientas para inmiscuirse en las finanzas y la vida interna de los sindicatos.
Esta situación permite incluso al corrupto y represivo PRI posar como un mal menor, a pesar de que Peña Nieto no promete más que austeridad disfrazada con declaraciones vagas y, eso sí, mayores privatizaciones —notablemente de Pemex, en torno a lo cual no ha sido vago en absoluto—. Nosotros decimos: ¡Abajo la privatización de Pemex y todo el sector energético! ¡Abajo la “reforma” laboral draconiana!
Por otro lado, existe un extendido hartazgo ante la brutalidad estatal/criminal que se ha agudizado en los últimos años mediante la “guerra contra el narco” de Calderón, la cual ha dejado más de 60 mil muertos. Esta “guerra” no tiene nada que ver con proteger a la población, sino con regimentarla, particularmente a la clase obrera.
La “guerra contra el narco” ha servido también para que el imperialismo estadounidense incremente el control que ejerce sobre “su patio trasero”; para 2010, la ayuda militar a México había aumentado ya siete veces a través del Plan Mérida. La “guerra contra el narco” ha servido a EE.UU. de la misma forma que ha utilizado la “guerra contra el terrorismo” en otros países: la presencia de personal militar y policial estadounidense en México cada vez es mayor, y los sobrevuelos de aviones drones son comunes. Ahora, se habla de un plan estadounidense independiente —al estilo de la ejecución de Bin Laden en 2011— para venir a capturar al famoso narco “Chapo” Guzmán en México. En este rubro también, Peña Nieto promete un cambio de “estrategia” que en realidad significa más de lo mismo para las masas mexicanas: aumentar las fuerzas policiales y reforzar los servicios de inteligencia especialmente en coordinación con EE.UU. y los países centroamericanos. Pero ello no ha sido suficiente para convencer a sus desconfiados amos imperialistas de que continuará esta “guerra contra el narco”. James Sensenbrenner, director del Subcomité de Crimen, Terrorismo y Seguridad Nacional del congreso de EE.UU., se queja de que durante los 71 años de gobierno priísta, el partido “minimizó la violencia al hacerse de la vista gorda con los cárteles”. Por otro lado, el temor ante la creciente “narcoviolencia” ha provocado una nostalgia por el viejo orden de cosas. Evocativamente, un graffiti mencionado en Proceso, en clara referencia a esta desesperante situación, decía: “Que se vayan los ineptos y que vuelvan los corruptos”.
Es tarea del movimiento obrero en su conjunto oponerse a la “guerra contra el narco”, cuyo fin es fortalecer los poderes represivos del estado capitalista. Los espartaquistas decimos: ¡Abajo la militarización de la “guerra contra el narco”! ¡FBI, DEA y todas las agencias policiacas y militares estadounidenses fuera de México! Llamamos por la despenalización de las drogas que, al eliminar las enormes ganancias que derivan de la naturaleza ilegal y clandestina del narcotráfico, reduciría el crimen y otras patologías sociales asociadas con éste. Nos oponemos también a las medidas del estado burgués que restringen o impiden que la población porte armas, lo cual limita los derechos de la población y garantiza el monopolio del estado y los criminales sobre las armas.
Revolución permanente vs. nacionalismo burgués
Desde los años 80, el PRI hizo a un lado su vieja política corporativista y nacionalista —identificada con el populismo de Lázaro Cárdenas— a favor de la “apertura” neoliberal, es decir, privatizaciones, ataques antisindicales y creciente subordinación política y económica al imperialismo estadounidense. Al mismo tiempo, este flexible partido burgués ha mantenido sus viejos nexos con sindicatos poderosos, como el petrolero y el SUTERM y la federación CTM. Desde 1988 (mediante el Frente Democrático Nacional), el PRD —fundado por viejos priístas, incluyendo al propio AMLO— surgió como una opción de recambio nacional-populista para mantener el descontento obrero dentro del marco de la política burguesa “democrática”. Ahora, el Morena —fundado a su vez por perredistas— podría tomar la estafeta populista, aunque quizá se mantenga como un simple apéndice del PRD.
Entre neoliberalismo y populismo nacionalista no hay opción para las masas trabajadoras —son políticas capitalistas que bien pueden ser esgrimidas por los mismos individuos según la coyuntura—. El PRD, igual que el PRI y el PAN, es un partido capitalista. A través de concesiones a los obreros y pobres y su retórica “antineoliberal”, el populismo perredista procura perpetuar este brutal régimen de explotación y opresión. Con todo y su retórica nacionalista, el PRD, como la burguesía mexicana en su conjunto, está atado por miles de lazos a sus amos imperialistas estadounidenses; de hecho, este partido ni siquiera se opone al TLC —ese tratado de rapiña imperialista contra México—, sino que sólo busca renegociar los términos de su propia subordinación a los imperialistas, para lo cual requiere apoyarse en la clase obrera.
Es necesario romper las ataduras que mantienen al proletariado subordinado a la burguesía supuestamente “progresista”, prominentemente la ideología del nacionalismo burgués, que oscurece la división de clases e impulsa la falacia de la identidad de intereses entre explotados y explotadores. Esta mentira no sólo encadena ideológicamente al proletariado mexicano a la burguesía nacional, sino que le impide también ver la división de clases más allá de las fronteras, especialmente en EE.UU. Pero el principal aliado potencial de la clase obrera mexicana es el poderoso proletariado estadounidense, que debe también romper con la “unidad nacional” impulsada por su “propia” burguesía. ¡Por lucha de clases conjunta en ambos lados de la frontera!
Con base en la experiencia de la Revolución Rusa de 1917, los espartaquistas luchamos por un gobierno obrero y campesino mediante la revolución socialista. En países de desarrollo capitalista atrasado como México, sólo la toma del poder por la clase obrera dirigida por un partido obrero revolucionario, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y pequeñoburguesas urbanas depauperadas, puede conseguir la genuina emancipación nacional mediante la expropiación de la burguesía nacional, el repudio de la deuda externa y la extensión de la revolución internacionalmente. De igual forma, la revolución socialista remplazaría la democracia burguesa, que en realidad no es sino una burla para los obreros y los pobres, con la genuina democracia para los explotados y oprimidos, donde los obreros y los campesinos pobres dirigirían los destinos del país a través de los soviets o consejos.
Ante los efectos devastadores de la crisis económica mundial y los constantes ataques contra el ya de por sí raquítico nivel de vida de la clase obrera, los campesinos y los pobres urbanos, es necesario que el proletariado muestre su capacidad y determinación para luchar no sólo por su propia supervivencia, sino en nombre de todos los pobres y oprimidos. Ante la galopante carestía, llamamos por comités de vigilancia de precios, compuestos por delegados de las fábricas, los sindicatos, las cooperativas, las organizaciones campesinas y los pobres de la ciudad. Luchamos por una escala móvil de salarios que asegure aumento salarial en proporción al aumento de precios. Contra el desempleo masivo, es necesario luchar por una escala móvil de horas de trabajo para repartir el trabajo disponible, así como por un extenso programa de obras públicas. Ningún partido burgués llevará a cabo tales demandas. Estas reivindicaciones indispensables tienden un puente hacia la revolución socialista y la instauración de una economía planificada internacional, que, mediante la expropiación de los capitalistas, avoque la economía entera no ya a engrosar los bolsillos de un puñado de magnates, sino a la satisfacción de las necesidades de la población.

YoSoy132: Electorerismo pequeñoburgués al servicio del PRD

El movimiento #YoSoy132 se originó en mayo pasado en la Universidad Iberoamericana, cuando algunos estudiantes increparon a Peña Nieto más que justificadamente por la represión brutal en Atenco en 2006, cuando él era gobernador del Estado de México. Sin embargo, al declararse estrictamente “anti-Peña Nieto”, el movimiento le lava la cara no sólo al PRD —socio perenne de la represión capitalista—, sino también al PAN de la “guerra contra el narco”. Surgido de las elitistas universidades privadas del DF —varias de ellas católicas—, como la Ibero (jesuitas) y la Anáhuac (legionarios de Cristo), además del ITAM y el Tec de Monterrey, #YoSoy132 gozó de cierta “respetabilidad” al principio, y fue en ese contexto que el mismísimo Calderón endosó el movimiento.
Estudiantes de las universidades públicas pronto se unieron al 132, algunas de cuyas demandas son increíblemente estrechas y a menudo francamente ridículas, como concursos para que producciones estudiantiles puedan aparecer en televisión, “hacer del acceso a Internet un derecho constitucional” (en un país donde grandes masas aún carecen de electricidad y agua potable, por no hablar de servicio telefónico y computadora) y “transmisión en cadena nacional del debate de los candidatos a la presidencia”. Haciendo del voto un fetiche, el movimiento notablemente se declaró contra la abstención y el voto nulo, por ser “acciones ineficaces para avanzar en la construcción de nuestra democracia” —un slogan que trae a la memoria cualquier tedioso anuncio del IFE—. A lo largo de estos meses y con sus nexos con organizaciones como el SME y el FPDT (Atenco), el 132 ha adquirido un perfil político más tradicionalmente populista, “antineoliberal” y nacionalista, y la participación de estudiantes de universidades privadas ha menguado considerablemente (la declaración oficial de #YoSoy132 como “anti-Peña Nieto” a finales de mayo, por ejemplo, fue demasiado para la asamblea estudiantil del ITAM).

YoSoy132 es un movimiento amorfo, electorero y pequeñoburgués, emparentado políticamente con los Indignados españoles y los Ocupa estadounidenses, que tiene por objetivo la “democratización del país” mediante el ejercicio del voto y la “democratización de los medios de comunicación”; pese a su autodescripción como “apartidista”, ha actuado en los hechos y desde un principio como un apéndice de la campaña electoral de AMLO y el PRD burgués en el centro del país, sin por ello cerrar la puerta al PAN en otras regiones. Es una medida de las traiciones de los falsos dirigentes del movimiento obrero, subordinados al PRD y al PRI burgueses, el que las movilizaciones electoreras de un movimiento como el 132 (y las del PRD mismo) se hayan convertido en el centro de cualquier protesta contra los efectos más grotescos de la catástrofe económica.

Igual que sus contrapartes en Europa y EE.UU., #YoSoy132 disuelve al proletariado como uno más de los sectores del “pueblo”. Muy por el contrario, el proletariado, debido a su relación con los medios de producción, es la única clase con el poder social y el interés histórico para derrocar el capitalismo. No teniendo sino su fuerza de trabajo para vender, la clase obrera no tiene interés objetivo alguno en la conservación del régimen de la propiedad privada; su interés está en la colectivización de los medios de producción. La pequeña burguesía —esa capa heterogénea que incluye a los campesinos, los estudiantes, los profesionistas, etc.— es incapaz, por sí misma, de plantear un programa revolucionario propio: siempre sigue a una de las dos clases fundamentales del capitalismo —el proletariado o la burguesía—.
El embuste democrático
Los comunistas defendemos los derechos democráticos y entendemos que en países de desarrollo capitalista atrasado, como México, los anhelos democráticos de las masas —como la emancipación nacional, la revolución agraria y la democracia política— no pueden ser satisfechos bajo el capitalismo y son una fuerza motriz para la revolución socialista. Las ilusiones democráticas bajo el capitalismo, sin embargo, son suicidas. En este país no puede existir ninguna democracia burguesa estable. La debilidad de la burguesía mexicana, subordinada al imperialismo y temerosa del poderoso proletariado, no le permite ese lujo.
No existe, en la era de la decadencia imperialista, ninguna ala “progresista” de la burguesía, capaz de romper la subordinación al imperialismo. Los marxistas revolucionarios, basados en la perspectiva trotskista de la revolución permanente, no tenemos un programa democrático distinto de uno socialista. En la lucha por demandas democráticas, oponemos el proletariado a la burguesía por el simple hecho de que estas demandas sólo son realizables bajo la dictadura del proletariado.
El movimiento estudiantil #YoSoy132 se basa e impulsa ilusiones en abstracciones democráticas que hacen caso omiso de la división de la sociedad en clases. Exige “un cambio en el modelo de seguridad nacional”, reduciendo el “presupuesto a seguridad” para destinarlo a “gasto público, educación, cultura y salud”. Independientemente del “modelo de seguridad”, el estado capitalista seguirá siendo un instrumento de violencia organizada —que consiste, en su núcleo, de la policía, el ejército, los tribunales y las cárceles— para mantener el dominio de los explotadores. Esta maquinaria no puede ser reformada para servir a los intereses de los explotados y oprimidos; tiene que ser destruida y remplazada por un estado obrero.
La democracia tiene carácter de clase; la “democracia pura” es un embuste liberal para embaucar a los obreros y oprimidos al oscurecer la realidad de la dictadura del capital. Este engaño es particularmente eficaz en los países capitalistas avanzados, donde las burguesías imperialistas pueden mantener un sistema parlamentario más o menos estable. Éste es, en palabras del socialista francés Paul Lafargue (yerno de Marx), “un sistema de gobierno en el cual el pueblo adquiere la ilusión de que está controlando las fuerzas del país mismo, cuando, en realidad, el poder real se concentra en las manos de la burguesía —y ni siquiera de la burguesía entera, sino sólo de ciertos sectores de esa clase—”. En los países de desarrollo capitalista atrasado, esta fachada democrática es en extremo endeble e inestable. Pero, ya sea en países avanzados o atrasados:
“La democracia burguesa, pese a ser un gran avance histórico en comparación con el medioevo, sigue siendo siempre —y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo— estrecha, truncada, falsa e hipócrita, un paraíso para los ricos y una trampa y un engaño para los explotados, para los pobres”.
—V.I. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky
¡Educación gratuita y de calidad para todos! ¡Nacionalización de las escuelas privadas!
En un país donde una ínfima porción de la población tiene acceso a la educación superior y centenas de miles son rechazados cada año, consignas como “¡Educación gratuita y de calidad para todos!”, “¡Abajo los exámenes de admisión!” y, particularmente, “¡Por la nacionalización de las escuelas privadas!” deberían ser elementales. Las magníficas instalaciones de la Ibero, por ejemplo, podrían ponerse al servicio de miles de pobres del occidente de la Ciudad de México. Obviamente, #YoSoy132 nunca ha lanzado estos llamados. Al contrario, en una asamblea de junio, este elitista movimiento aprobó no incluir a jóvenes rechazados de las universidades públicas, ¡con el argumento de que no eran estudiantes! (Finalmente, en julio se le permitió al movimiento de rechazados participar en #YoSoy132.)
Pese a tales despliegues de arrogancia pequeñoburguesa, hay una ilusión extendida de que las universidades públicas, en particular la UNAM, son “islas democráticas” abstraídas de la sociedad, que son universidades “del pueblo”. Sin embargo, las universidades —públicas y privadas— constituyen un pilar importante de la sociedad capitalista al estar encargadas de entrenar al futuro personal administrativo, técnico e ideológico de la sociedad burguesa, y los capitalistas les asignan recursos en la medida en que sus prioridades lo requieren. Fuera de eso, no podría importarles menos la educación general de las grandes masas de los explotados y oprimidos. Nosotros decimos: ¡Abolir la rectoría! ¡Por el control de las universidades por parte de estudiantes, profesores y trabajadores! ¡Por estipendios para que los estudiantes subsistan! El conjunto de estos llamados apunta hacia la necesidad de la revolución socialista, la única manera de poner la educación y la cultura no sólo al alcance, sino también al servicio de las masas.
La LTS: Construyendo el “gran movimiento democrático” pequeñoburgués
El grueso de la izquierda mexicana ha hecho suya sin empacho la política liberal burguesa de #YoSoy132. Tal es el caso de la Liga de Trabajadores por el Socialismo-ContraCorriente (LTS-CC), la cual declaró presurosa que “¡Hoy más que nunca, todos somos #132!”.
La LTS, siendo completamente acrítica del seguidismo de #YoSoy132 a López Obrador, corre a lavarle la cara al movimiento, diciendo:
“Una de estas grandes lecciones, asumida en la huelga [de la UNAM] del ‘99, fue la necesidad de la independencia del movimiento estudiantil de los partidos del régimen, hacia donde apunta uno de los grandes acuerdos del movimiento #YoSoy132: que se declara ‘autónomo’ y ‘apartidista’”.
—Estrategia Obrera No. 97, 8 de junio de 2012
Pero el “apartidismo” del 132 es tan sincero como cualquier promesa de campaña priísta, e igual de sincera es la posición formal de la LTS de oposición a los partidos del capital. En los hechos, la LTS se sumó, a través del 132, a la campaña electoral de López Obrador.
La LTS comparte las ilusiones en la reforma democrática del estado y la “democratización de los medios de comunicación”, ejes centrales del programa de #YoSoy132, y pretende darles un giro “radical”:
“Por ello, es necesario que el movimiento #YoSoy132 incluya entre sus demandas la exigencia de que cualquier grupo de trabajadores, estudiantes o de organizaciones...tenga el derecho y los recursos solventados por el Estado, para publicar sus posiciones”.
—Ibíd.
En pocas palabras, la LTS quiere subsidio estatal. Sus demandas tienen base en la visión reformista del estado burgués como una entidad neutral por encima de las clases que debería apoyar a organizaciones “independientes” de la clase obrera. Pero el que paga los mariachis escoge el son. Por ello —y en tajante contraste con la práctica cotidiana de la seudoizquierda—, en la Liga Comunista Internacional nos oponemos, como cuestión de principios, a aceptar un solo centavo de financiamiento del estado capitalista, que es el comité ejecutivo del enemigo de clase.
La LTS exige también “la expropiación sin pago a los dueños de los grandes medios de comunicación, y que éstos funcionen bajo control de sus trabajadores”, en el contexto del dominio de la burguesía (¡ni por error mencionan la revolución socialista!). Ésta no es sino mera retórica vacía. Los medios masivos de comunicación bajo el capitalismo, ya sean de propiedad privada o estatal, sirven a los intereses de la burguesía y propagan su ideología. Es francamente ingenuo y ridículo pensar que pueden servir a los intereses de los oprimidos si no es en el contexto de una revolución socialista que expropie los medios de producción (y de comunicación) de manos de los capitalistas.
El GI sobre el 132 y los sindicatos: Un singular caso de amnesia
El Grupo Internacionalista (GI) es muy crítico de las ilusiones democratizantes del 132 —en el papel—. Pero del dicho al hecho... En la Convención Nacional Contra la Imposición llevada a cabo en Atenco en julio pasado —un evento dominado por el 132—, el líder mínimo local del GI intervino para hablar de la lucha universitaria y bla, bla, bla, ¡sin mencionar siquiera al movimiento #YoSoy132! Esta anécdota resume el funcionar cotidiano del GI: pronunciamientos a menudo grandilocuentes para ocultar una práctica reformista a la cola de los movimientos en boga.
Pero veamos más de cerca lo que el GI dice en el papel —o, más bien, lo que no dice—. En un artículo de junio, el GI le recordaba correctamente a los estudiantes perredistas del 132 que los tres partidos burgueses principales se han unido en la represión contra la clase obrera: “Éste fue el caso en Lázaro Cárdenas, Michoacán, cuando el 20 de abril [de 2006] las fuerzas federales panistas, las estatales perredistas y las municipales priístas orquestaron un ataque sangriento contra los trabajadores siderúrgicos en huelga” (El Internacionalista, junio de 2012). Lo que el GI omite es que, para ellos, esa lucha del sindicato minero contra el estado y la patronal —la lucha obrera más importante que hemos visto en décadas— no fue más que “un ajuste de cuentas dentro del régimen” (El Internacionalista, mayo de 2006), pues el sindicato minero es, según ellos, una organización patronal.
Todavía amnésico, el GI hace también referencia a la represión contra la huelga de la Sección XXII del SNTE en Oaxaca en 2006, pero no menciona que para ellos éste tampoco es un sindicato. Según el GI, todos los sindicatos priístas, e incluso los que han dejado de serlo, como el minero, son “el enemigo de clase” (El Internacionalista, mayo de 2001). En los hechos, para el GI los sindicatos subordinados al PRD son las únicas organizaciones obreras legítimas en México —¡una peculiar manera de trazar la línea de clases!—. La política del GI es demagogia rompesindicatos, digna de los Indignados, que descarta con un movimiento de la mano a poderosas agrupaciones obreras, como los mineros o petroleros. Aunque procura maquillar su línea con fraseología hueca sobre defender a “los obreros”, el GI se niega a defender a estos sindicatos contra los ataques del estado y la patronal. De hecho, su sección brasileña se estrenó en 1996 arrastrando a un sindicato ante los tribunales burgueses en una lucha interburocrática por la dirigencia del mismo (ver “El encubrimiento del IG en Brasil: Manos sucias, mentiras cínicas”, Espartaco No. 10, otoño-invierno de 1997).
El GI refleja y procura explotar los prejuicios pequeñoburgueses antisindicales imperantes en el medio estudiantil y el mal llamado movimiento “anticapitalista” —desde 132 hasta los Indignados y Ocupa—. En efecto, en las marchas y manifestaciones de 132 es común escuchar llamados por juicio a la odiada y corrupta lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo. Esto sólo puede significar apelaciones a que el estado burgués intervenga en el sindicato.
Los sindicatos son las organizaciones básicas para la defensa de los obreros contra los ataques constantes de la burguesía. Le permiten a los obreros tener salarios y prestaciones relativamente mejores y les brindan alguna protección contra los despidos arbitrarios y los abusos en general. Los sindicatos deben construirse y defenderse. Como lo mostraron el ejemplo del SME y tantos otros a lo largo de la historia, el interés del estado burgués no es la democracia sindical, sino maniatar y en última instancia destruir a los sindicatos. La grotesca “Maestra” y sus compinches, como todas las demás burocracias sindicales procapitalistas —independientemente del partido burgués al que apoyen—, deben ser echados mediante una lucha política, llevada a cabo por los trabajadores mismos, contra la subordinación de los sindicatos a los intereses nacionales y la búsqueda de ganancias de los gobernantes capitalistas. Sólo una lucha así podrá transformar a los sindicatos de agencias de negociación estrechas dentro del marco del capitalismo a órganos de lucha proletaria revolucionaria.
¡Forjar un partido obrero revolucionario!
En Lecciones de Octubre, Trotsky explicó que: “No puede triunfar la revolución proletaria sin el partido, aparte del partido, al encuentro del partido o por un sucedáneo del partido”. En contraste con el (ilusorio) apartidismo en boga, nosotros luchamos por forjar un partido obrero de vanguardia que agrupe a los obreros avanzados y la intelectualidad desclasada bajo un programa de lucha de clases revolucionario e internacionalista. Un partido bolchevique es el instrumento fundamental para llevar la conciencia política al proletariado, tan necesaria para que éste pueda realizar y consolidar la revolución socialista.
Es necesario intervenir en las luchas sociales y de clases con el programa del marxismo revolucionario, luchando por romper las cadenas que actualmente atan a los obreros y oprimidos, prominentemente al populismo de AMLO y el PRD burgués. Sólo así se podrá construir el partido leninista-trotskista que dirija a la clase obrera al poder. Ésta es una tarea enorme y no hay atajos, pero el Grupo Espartaquista de México y la Liga Comunista Internacional entera estamos comprometidos a ella. Estudiantes: ¡Únanse a la clase obrera para luchar! ¡Reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/36/electoral.html
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2016.05.24 04:16 ShaunaDorothy Bolivia: Trotskismo vs. nacionalismo burgués (Septiembre de 2006)

https://archive.is/AQasL
Espartaco No. 26 Septiembre de 2006
La elección de Evo Morales como presidente de Bolivia en diciembre pasado fue aclamada internacionalmente por sectores de activistas liberales “antiglobalización” y socialdemócratas como un golpe contra el imperialismo estadounidense, basados en gran parte en la promesa de Morales de nacionalizar el petróleo y las reservas de gas. Al frente del Movimiento al Socialismo (MAS), Morales ganó con una absoluta mayoría de votos y la más grande y aplastante victoria desde el fin del régimen militar en 1982. Mucho del apoyo a Morales proviene del hecho de que es un indígena aimara, hijo de un pastor, en un país marcado por un profundo racismo antiindígena. El New York Times, en un reportaje sobre la toma de posesión de Morales (22 de enero), comentaba que su elección puede representar “el vuelco más radical en la persistente inclinación hacia la izquierda en Sudamérica hasta el momento, con un potencial para tener un gran impacto más allá de las fronteras de esta nación andina sin salida al mar”.
El gobierno de Bush, que ha regañado a Morales por su apoyo a los productores de hoja de coca en Bolivia, ha respondido cautelosamente a su elección. El Washington Post (21 de febrero) opinó en un artículo titulado “Funcionarios de EE.UU. suavizan actitud hacia el nuevo presidente izquierdista de Bolivia” que “al menos por ahora, el gobierno de Bush tiene la esperanza de que Evo Morales, quien alguna vez amenazó con convertirse en ‘la peor pesadilla para Estados Unidos’, sea alguien con quien pueda hacer negocios”. Los imperialistas están también conscientes de que Bolivia es un país muy pobre y que Morales tiene menos recursos a su disposición que Hugo Chávez en una Venezuela rica en petróleo.
Morales, un nacionalista burgués, está comprometido con el “capitalismo andino” y el “libre comercio”. Inmediatamente después de su elección viajó a Santa Cruz, un centro de la elite de negocios boliviana en el oriente del país, donde expresó simpatía a su demanda por la autonomía de esta zona respecto de la empobrecida región occidental. Morales también aceptó privatizar El Mutún, una de las minas de hierro más grandes del mundo, y ha buscado reforzar el respaldo de la burguesía nombrando en su gabinete a una galería de auténticos delincuentes, entre hombres de negocios sombríos y seguidores de sus predecesores “neoliberales”. Así, Morales otorgó el Ministerio de Minería a Walter Villarroel, quien en un periodo anterior en el gobierno tuvo un papel de suma importancia en el desmantelamiento de la estatal Corporación Minera Boliviana (COMIBOL) y en la privatización de operaciones mineras. Tan sólo el mes pasado, trabajadores del Lloyd Aéreo Boliviano, la principal aerolínea del país, que estaban en huelga exigiendo que se nacionalice la compañía, tuvieron un enfrentamiento con la policía después de que Morales ordenara a las fuerzas policiales y militares tomar el control de los aeropuertos del país para romper la huelga.
Al llamar por “nacionalizar” los recursos naturales de Bolivia, Morales hace eco a un programa que tiene mucho tiempo ya en América Latina. La demanda principal de las protestas del año pasado en Bolivia por la nacionalización del petróleo y el gas es apoyable como medida de autodefensa nacional por parte de un país semicolonial frente a los imperialistas, a pesar de no tener un carácter socialista en absoluto. Con respecto a la expropiación de la industria petrolera por el régimen nacionalista burgués de Cárdenas en México en 1938, el dirigente marxista revolucionario León Trotsky escribió:
“El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mexicana en esta etapa. Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración...
“La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista.”
—“México y el imperialismo británico”, 5 de junio de 1938
Bolivia misma no desconoce las nacionalizaciones, aun en la industria petrolera. El gobierno militar de David Toro (1936-37) nacionalizó la Standard Oil Company de Bolivia sin compensación, creando una compañía petrolera estatal. Esta compañía se apoderó de la Gulf Oil Company de Bolivia en 1969. Fue recién en 1996 que porciones significativas de las operaciones petroleras y del gas natural fueron privatizadas. Hoy, la compañía brasileña Petrobras controla alrededor del 51 por ciento de las extensas reservas bolivianas de gas natural y 95 por ciento de su capacidad de refinación. Sin embargo, la mayoría de las reservas de gas natural no están siendo explotadas. La Asociación de Organizaciones de Productores Ecológicos de Bolivia señaló en un informe de 2005 que “Bolivia tiene ocho sectores que generan más empleo que el gas” y además “el sector petrolero en su totalidad proporciona trabajo a unas 600 personas, en su mayor parte extranjeros”.
El llamado actual de Morales por “nacionalizaciones” implica muy probablemente simples incrementos en los impuestos. Morales dijo al socialdemócrata In These Times (enero de 2006): “Nosotros queremos imponer impuestos a las transnacionales de una manera justa, y redistribuir el dinero a las pequeñas y medianas empresas.” En las elecciones presidenciales de diciembre, no sólo Morales sino cada uno de los candidatos propuso en alguna forma el llamado por la nacionalización de la industria del gas natural. Como hábil político, Morales buscó sonar más radical que sus competidores, mientras simultáneamente trataba de no distanciarse demasiado de la burguesía boliviana ni de los imperialistas.
La “revolución” boliviana de 2005
El precursor inmediato de la elección de Morales consistió en una serie de levantamientos populares desde mayo hasta junio del año pasado. Los manifestantes protestaron contra el “neoliberalismo”: las privatizaciones generalizadas de instalaciones estatales y las medidas de austeridad dictadas por el FMI. La derrota de la huelga general de 1985 permitió estas medidas, las cuales tuvieron como resultado la privatización de minas bolivianas y otros recursos naturales, así como de las telecomunicaciones y el transporte. Mineros despedidos y campesinos fueron forzados a sobrevivir mediante pequeños negocios familiares u otras formas de autoempleo. Muchos de éstos se mudaron a El Alto, originalmente un suburbio de la ciudad capital de La Paz, pero que es ahora una entidad independiente con una población aproximada de 800 mil personas.
El levantamiento de 2005 fue la última de una serie de luchas desesperadas de las masas empobrecidas de Bolivia. En el año 2000 hubo protestas plebeyas a gran escala en la tercera ciudad más grande de Bolivia, Cochabamba, luego de que el gobierno de Hugo Banzer accediera a las demandas del Banco Mundial y vendiera el sistema de agua de la ciudad a la Bechtel y otras corporaciones de países imperialistas, lo que condujo a incrementos en los precios del agua de al menos 200 por ciento. Esta “guerra del agua” llevó a que Bechtel abandonara su parte y demandara a Bolivia por pérdidas ante los tribunales estadounidenses. Otra revuelta explotó en septiembre de 2003 ante el anuncio de que las recientemente descubiertas reservas de gas natural serían conducidas por tuberías a través de Chile, un blanco histórico del nacionalismo boliviano desde la victoria de Chile en la “Guerra del Pacífico” de 1879-83, en la que Bolivia perdió su salida al mar. La “guerra del gas” de 2003 terminó con la designación del vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, como presidente, en una jugada en la que Morales fue pieza clave.
Las protestas y huelgas de mayo-junio de 2005 estallaron en El Alto luego de que el Congreso aprobara la ley de hidrocarburos propuesta por Mesa, la cual favorecía a los imperialistas. Los manifestantes hicieron numerosas demandas, incluyendo la de nacionalizar el gas y otros recursos, oponerse a la autonomía de la rica provincia de Santa Cruz y enjuiciar a Sánchez de Lozada por el asesinato de manifestantes en la “guerra del gas”. Mesa renunció el 6 de junio de 2005 y se lanzó una convocatoria a elecciones para diciembre.
Las protestas de El Alto reflejaron la determinación de las masas oprimidas por resistir la explotación imperialista. Pero romper las cadenas de la opresión imperialista requiere una revolución proletaria dirigida por un partido programáticamente suficiente, es decir, un partido leninista-trotskista, para aplastar el dominio capitalista y establecer un estado obrero. Tal revolución ha de tener la perspectiva de extenderse por toda América Latina y, crucialmente, a los países capitalistas avanzados, particularmente EE.UU. Pero lo que ha faltado desde los inicios de las protestas en Bolivia es la participación de un proletariado organizado. A su vez, esto refleja no sólo la visión nacionalista pequeñoburguesa de los dirigentes de las protestas, sino también la devastación material y atomización de la clase obrera desde los años 80. Así, una de las razones de la burguesía para cerrar las minas estatales de estaño fue deshacerse de miles de mineros, que habían estado entre los obreros con mayor conciencia de clase en América Latina.
El cambio en la composición social de las recientes protestas ha sido notado por numerosos individuos, incluyendo algunos que aplauden los “movimientos sociales” de Bolivia. Así, en un artículo que se encuentra en el sitio en Internet de la organización reformista Left Turn, “El Alto: Epicentro de la nueva resistencia boliviana” (19 de enero de 2005), Jim Straub escribió:
“Las ‘reformas’ económicas del FMI y el Banco Mundial barrieron con sectores enteros de la economía boliviana —minería, manufactura y el sector público— que empleaban grandes números de revolucionarios organizados…
“Denegada la supervivencia en sectores como la minería o el servicio público, los bolivianos desempleados gravitaron en torno a las pocas industrias donde había alguna oportunidad económica: el sector informal —que significa básicamente el masivo mercado negro y las ventas callejeras que dominan América Latina hoy día— y el cultivo de coca…
“Mientras que antes mineros y obreros fabriles armados derrocaban gobiernos, el año pasado fueron las asociaciones indígenas de trabajadores de mercados informales y cocaleros combativos quienes forzaron al corrupto presidente Sánchez de Lozada a renunciar y abandonar el país.”
La revolución permanente y Bolivia
En países de desarrollo desigual y combinado, la debilidad de la burguesía nacional y la dependencia en el imperialismo hacen imposibles los logros alcanzados por la Revolución Francesa y otras revoluciones burguesas clásicas, las cuales sentaron las bases para la modernización económica y la creación de una sociedad industrial. Como Trotsky escribió en La revolución permanente (1931):
“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.”
Al explicar la perspectiva de la revolución permanente, Trotsky subrayó que: “La conquista del Poder por el proletariado no significa el coronamiento de la revolución, sino simplemente su iniciación. La edificación socialista sólo se concibe sobre la base de la lucha de clases en el terreno nacional e internacional.” La Revolución Rusa de 1917 rompió el imperialismo en su “eslabón más débil”: un país atrasado y principalmente campesino. Generalizando a partir de esta experiencia, Trotsky insistió en que el orden socialista, que proveerá abundancia material para todos, no puede ser construido en los confines de un solo estado. A fin de cuentas, el sistema capitalista tenía que ser destruido en sus puntos más fuertes, los estados industrializados avanzados. Había que vincular a los proletarios de los países más atrasados con sus hermanos de clase en Occidente a través de un partido revolucionario internacional.
La lucha de las masas obreras en Bolivia ha sido una confirmación negativa de la perspectiva de la revolución permanente. En 1952, en 1970-71 y de nuevo en 1985 el proletariado, con los mineros del estaño a la cabeza, llevó a cabo acciones poderosas, hasta e incluyendo la insurrección tal cual. Pero estas luchas fueron traicionadas por los falsos dirigentes obreros, quienes ataron al proletariado a su enemigo de clase sermoneando que es necesario aliarse con la supuesta burguesía “antiimperialista”. Los gobiernos de coalición (frentes populares) en los que los falsos dirigentes obreros participaron junto con los nacionalistas burgueses fortalecieron las fuerzas de la reacción capitalista, llevando una y otra vez a golpes militares y gobiernos bonapartistas.
Si bien las luchas pasadas fueron derrotadas debido a las traiciones de la dirigencia obrera, la devastación material de Bolivia —en particular el cierre de las minas de estaño y gran parte de la industria— plantea otro problema. La instrumentalidad proletaria para derrocar al capitalismo ha sido cualitativamente reducida. Echando un vistazo tan sólo a la relación de fuerzas dentro de Bolivia, este periodo no ofrece buenos augurios en la lucha contra el imperialismo y sus agentes de la burguesía local. Como Trotsky subrayó en La revolución permanente: “En las condiciones de la época imperialista, la revolución nacional-democrática sólo puede ser conducida hasta la victoria en el caso de que las relaciones sociales y políticas del país de que se trate hayan madurado en el sentido de elevar al proletariado al Poder como director de las masas populares. ¿Y si no es así? Entonces, la lucha por la emancipación nacional dará resultados muy exiguos, dirigidos enteramente contra las masas trabajadoras...”
Los militantes radicalizados por las depredaciones del imperialismo y el capitalismo en Bolivia deben entender la necesidad de vincular las luchas de las masas bolivianas con las de países vecinos como Brasil, Chile y Argentina, donde existen concentraciones proletarias más viables, así como con las luchas de la clase obrera norteamericana. Esta perspectiva proletaria internacionalista está dolorosamente ausente entre los seudomarxistas que se han entusiasmado con las recientes protestas y sus dirigencias pequeñoburguesas y nacionalistas burguesas.
Un caso ejemplífico en EE.UU. es el de la reformista International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), que celebró la renuncia de Mesa en un artículo del Socialist Worker (17 de junio de 2005) titulado “¡Victoria en Bolivia!” donde exclamaron: “A pesar de que la lucha por la nacionalización del gas y el petróleo aún no está resuelta, los movimientos sociales han dado un golpe espectacular a la oligarquía boliviana y el imperialismo estadounidense.”
También fatuamente entusiasmado por el levantamiento de 2005 está el Grupo Internacionalista (GI), cuyos miembros fundadores terminaron fuera de la Liga Comunista Internacional (LCI) a mediados de los años 90 debido a sus apetitos incontenibles por echar porras a fuerzas muy lejanas a la clase obrera. El GI nos señala con el dedo acusador en su Internationalist (diciembre de 2005). Pontifican:
“Por su parte, la ahora centrista tendencia espartaquista ha alcanzado un nuevo nadir histórico: los miembros de su grupo mexicano nos han criticado por plantear la formación de soviets en los sucesos bolivianos de mayo-junio. Dicen que se trata de algo imposible pues, según ellos, ‘no existe en Bolivia hoy en día una clase obrera’ (olvídense de las miles de fábricas que se ubican tan sólo en la ciudad de El Alto). En otras palabras, estos seudotrotskistas creen que es imposible una revolución socialista en Bolivia.”
A pesar de que el GI evoca “miles de fábricas que se ubican tan sólo en la ciudad de El Alto”, éstas no son, en su mayoría, “fábricas” en el significado usual de la palabra, sino pequeños talleres textiles y maquiladoras familiares. Como lo pone Straub, se trata de “gente sin un trabajo regular, sin representación sindical o incluso sin el proverbial Patrón contra el cual luchar”. Todo esto además de la gran tasa de desempleo en El Alto.
Escribiendo en CounterPunch (14 de octubre de 2005), Raúl Zibechi señala:
“Con respecto al empleo, El Alto se caracteriza por el autoempleo. Setenta por ciento de la población empleada trabaja en negocios familiares (50%), o sectores de seminegocios (20%). Estos trabajos son en su mayoría en los negocios de ventas y restaurantes (95% de la población empleada), seguidos por la construcción y la manufactura.”
Lo que frecuentemente pasa como “sindicatos” son en verdad grupos de artesanos y de autoempleados. Uno de estos casos es la Central Obrera Regional (COR), que fue un componente principal de las protestas de El Alto. Notando el surgimiento de federaciones de trabajo para mercaderes y artesanos en los años 70 con “una fuerte identidad obrera territorial”, Zibechi escribió: “Así, emergieron sindicatos y organizaciones de artesanos y vendedores, panaderos y carniceros, que en 1988 crearon la COR, que ahora incluye empleados de bares locales, casas de huéspedes y municipales. Estos grupos están mayoritariamente compuestos de dueños de pequeños negocios y trabajadores autoempleados, un sector social que en otros países no suele organizarse.”
Al leer la narrativa grandilocuente del GI sobre los sucesos ocurridos en Bolivia (agrupados en su sitio en Internet bajo el pomposo nombre de “Bolivia: Batallas de clase en los Andes”), uno nunca sabría que ha habido cambios en el mundo en los últimos 20 años, ni en Bolivia ni en ningún otro lugar. El GI niega la magnitud de la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética y el retroceso en la conciencia proletaria alrededor del mundo que acompaña esta derrota. El propósito de esto es embellecer una realidad existente con la esperanza de hacer pasar como “revolucionarias” las fuerzas de clase ajenas a las que se acomodan —ya sean desgastados traidores estalinistas del estado obrero deformado de la RDA en Alemania oriental, sindicalistas oportunistas en Brasil o similares (ver “El ‘grupo’de Norden: vergonzosos desertores del trotskismo”, Boletín Internacional No. 38, diciembre de 2000)—.
El GI es un maestro consumado en negar la realidad. Puede conjurar una sección fraternal en Ucrania con base en falsedades (ver “La idiotez de las villas Potemkin del GI ad absurdum”, Workers Vanguard No. 828, 11 de junio de 2004). El GI puede conjurar un proletariado donde a duras penas existe, si acaso, mientras por otro lado ignora poderosas concentraciones de clase obrera. Así, es notable que mientras el GI ha escrito toneladas de artículos sobre Bolivia (literalmente siete solamente en su publicación del verano de 2005), ha ignorado en gran medida al oriente asiático —China, Japón y Corea— que se ha convertido en el corazón industrial del mundo.
La Revolución de 1952
En 1952 la clase obrera boliviana, bajo la dirección de los mineros del estaño organizados en el sindicato minero FSTMB, fue la punta de lanza de una prometedora oportunidad de revolución obrera. En abril de ese año, una intentona de golpe de estado detonó una insurrección en la que los obreros armados derrotaron al ejército. Se formó una poderosa federación obrera, la Central Obrera Boliviana (COB), que se convirtió en la autoridad principal no sólo para los obreros sindicalizados sino también para la mayoría del campesinado y la pequeña burguesía urbana. Mientras los mineros exigían el control obrero de las recientemente nacionalizadas minas de estaño y los campesinos se anticipaban a la prometida reforma agraria tomando extensos terrenos, el dirigente de la COB, Juan Lechín, se unió al gobierno burgués de Víctor Paz Estenssoro y su Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Así, Lechín y otros “ministros obreros” se convirtieron en el instrumento de la burguesía utilizado para subordinar a las masas que se levantaban para enfrentar al régimen capitalista.
En ese momento, el POR (Partido Obrero Revolucionario), una organización autoproclamada trotskista, disfrutaba de gran influencia en la dirección ejecutiva de la COB. El POR era dirigido por Guillermo Lora, quien se hizo famoso por su menchevismo nacionalista y su desprecio por cualquier cosa fuera de las fronteras de Bolivia, vociferando que “Bolivia constituye la experiencia más rica del trotskismo mundial”. Lora demostró su desprecio por las lecciones de la Revolución Rusa y, no en menor medida, por la necesidad de la independencia política de la clase obrera. El POR apoyó la entrada de Lechín al gobierno burgués, manifestando que “apoya a la fracción de izquierda del nuevo gabinete” y pidieron a Paz Estenssoro “consumar las expectativas de los obreros constituyendo un gabinete compuesto exclusivamente por hombres de izquierda de su partido [¡burgués!].” En contraposición, los bolcheviques en 1917 se rehusaron a dar apoyo alguno al gobierno burgués de Kerensky, denunciaron a los traidores de clase reformistas, mencheviques y socialrevolucionarios que se unieron al gobierno, y dirigieron a las masas obreras al aniquilamiento del gobierno burgués mediante una revolución proletaria (ver “Revolución y contrarrevolución en Bolivia”, Spartacist [edición en español] No. 18, octubre de 1986).
La nacionalización de las minas de estaño y una modesta reforma agraria fueron algunas de las concesiones de la burguesía boliviana en 1952 para contener la revolución. Sin embargo, como los eventos posteriores lo demostraron, tales reformas son eminentemente reversibles. De hecho, en cuanto la amenaza de revolución social se alejó, los capitalistas empezaron a movilizarse contra los obreros. El ejército fue reconstruido con dólares y consejeros estadounidenses con base en un decreto firmado por Lechín, entre otros. Este ejército se hizo tristemente célebre por sus sangrientas matanzas de mineros combativos. Para 1957 el MNR estaba lo suficientemente seguro como para invitar a EE.UU. a que tomara las riendas de la economía boliviana bajo el “Plan Triangular” de austeridad y rompimiento de sindicatos.
Cuando el GI habla hoy de manera efusiva sobre la participación de los mineros de la FSTMB en las protestas, sólo está tratando de engañar a los lectores desinformados para que crean que la FSTMB es aún la punta de lanza de un proletariado combativo. Esto es pura chicanería. Entre 1985 y 1987 la compañía minera estatal del estaño redujo su número de trabajadores de 30 mil a 7 mil; luego las operaciones fueron privatizadas. La Biblioteca del Congreso [de EE.UU.], en su estudio sobre Bolivia, señala, “La reestructuración del sector minero nacionalizado, en especial los despidos masivos, había diezmado a la FSTMB.” De hecho, la mayoría de la gente que hoy trabaja en la industria se dedica, junto a sus familias, a pepenar lo que queda de las minas cerradas o a la búsqueda de minerales en los ríos, vendiendo lo que encuentran en el mercado negro o en la calle. Su posición atomizada los acerca más a los buscadores de minas pequeñoburgueses que a los proletarios.
La COB, la histórica federación sindical de 1952, también ha cambiado radicalmente. Como Herbert S. Klein comenta en A Concise History of Bolivia [Una historia concisa de Bolivia] (2003): “La base de la izquierda radical ha sido transformada con el declive de la vieja central obrera, la COB, y la FSTMB minera y el surgimiento de las nuevas organizaciones campesinas… Pronto la CSUTCB [confederación campesina] obtuvo una mayoría en la COB y al final dominó su dirección y reorientó sus demandas hacia nuevos temas.”
Es una consecuencia lógica de las recientes protestas que el nuevo dirigente de Bolivia sea un campesino. Su cosecha, así como la de su base social, es la hoja de coca, que luego del colapso del mercado del estaño se ha convertido en un producto de exportación clave. ¡De hecho, el “sindicato” de cocaleros ha remplazado a la FSTMB como el componente más fuerte de la COB!
Los programas de erradicación de drogas impuestos por EE.UU. —llevados a cabo tanto por los gobiernos Demócratas como por los Republicanos— han arruinado financieramente a los cocaleros de Bolivia. Morales busca cooperar con EE.UU. para erradicar la producción de cocaína con la esperanza de que Washington le permita “despenalizar” la hoja de coca. La coca tiene muchos usos tradicionales. Muchos la mastican para aliviar dolores ocasionados por el hambre —un poderoso aliciente en el segundo país mas pobre del Hemisferio Occidental—. El gobierno de Bush, sin embargo, es previsiblemente hostil a cualquier cosa que tenga que ver con la coca. Esto pone a Morales en una situación difícil entre su base social y los imperialistas a quienes busca calmar. Como marxistas nos oponemos a la “guerra contra las drogas” de los gobernantes estadounidenses y llamamos por despenalizar el uso de drogas.
¡Por la revolución socialista en toda América!
Un gran número de comentaristas ha predicho que si Morales no lleva a cabo sus promesas electorales caerá como los dos presidentes anteriores. Esto puede ser verdad. Pero, de nuevo, Bolivia ha tenido casi 200 gobiernos desde que se independizó de España en 1825, y cada uno ha administrado la explotación económica y la miseria. Muestra la debilidad de la burguesía boliviana que un presidente puede ser derrocado en gran medida a través de actividades tan simples como el bloqueo de las rutas principales. En el contexto de un enorme atraso, la inestabilidad de Bolivia recuerda lo que Trotsky, refiriéndose a la ebullición social crónica en España, llamó “convulsiones crónicas en las cuales halla su expresión la enfermedad inveterada de una nación que se ha quedado atrás” (“La Revolución en España”, 24 de enero de 1931).
Confinados a las fronteras de Bolivia y con el proletariado ausente como fuerza organizada, los levantamientos sociales que se derivan de la inestabilidad del país sólo pueden terminar en alguna variante de gobierno capitalista. Lo que es crucialmente necesario es la construcción de un partido obrero revolucionario que pueda unir las luchas de las masas empobrecidas de Bolivia —particularmente las de los proletarios existentes— con la poderosa clase obrera que existe en otros países de América Latina, EE.UU. y otros lugares. Tal partido tiene que ser establecido en América Latina en oposición tajante a los nacionalistas burgueses y políticos reformistas de todo tipo.
También tiene que ser construido en oposición al chovinismo nacional que ha caracterizado por mucho tiempo incluso a la política “izquierdista” boliviana. El POR de Guillermo Lora concentró en gran medida su oposición a la dictadura de Hugo Banzer en los años 70 en acusaciones de que había vendido la “madre patria” a Chile y Perú. El POR también acusaba a Banzer de traicionar la “gran tarea nacional” de recuperar el acceso al océano —un llamado implícito para la guerra con el afán de revertir la derrota de Bolivia frente a Chile a finales del siglo XIX—. La última vez que la encerrada Bolivia intento conquistar un “camino al mar”, la intentona culminó en la sangrienta Guerra del Chaco de 1932-35, en la que Bolivia enfrentó a Paraguay por la región potencialmente rica en petróleo de El Chaco y el acceso al Río Paraguay como ruta al Océano Atlántico. Con la Standard Oil en apoyo de Bolivia y la Shell Oil del lado de Paraguay, la guerra terminó en una derrota para Bolivia e intensificó el nacionalismo boliviano. Cuán enraizado está este sentimiento nacionalista se demostró en las recientes protestas de la “guerra del gas”, con las rampantes denuncias chovinistas contra Chile por “robar” el gas natural de Bolivia.
La tarea de arrancar a Centro y Sudamérica del atraso y la subyugación al imperialismo recae en el proletariado de la misma región. Como Trotsky subrayó en el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial” (mayo de 1940):
“La consigna que presidirá la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta explotación de las camarillas compradoras nativas será, por lo tanto: Por los estados unidos soviéticos de Sud y Centro América…
“Sólo bajo su propia dirección revolucionaria el proletariado de las colonias y las semicolonias podrá lograr la colaboración firme del proletariado de los centros metropolitanos y de la clase obrera mundial. Sólo esta colaboración podrá llevar a los pueblos oprimidos a su emancipación final y completa con el derrocamiento del imperialismo en todo el mundo.”
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/26/bolivia.html
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2016.05.24 02:37 ShaunaDorothy Bolivia: Trotskismo vs. nacionalismo burgués (2006)

https://archive.is/EtVWA
La elección de Evo Morales como presidente de Bolivia en diciembre pasado fue aclamada internacionalmente por sectores de activistas liberales “antiglobalización” y socialdemócratas como un golpe contra el imperialismo estadounidense, basados en gran parte en la promesa de Morales de nacionalizar el petróleo y las reservas de gas. Al frente del Movimiento Al Socialismo (MAS), Morales ganó con una absoluta mayoría de votos y la más grande y aplastante victoria desde el fin del militarismo en 1982. Mucho del apoyo a Morales proviene del hecho de que es un indígena aimará, hijo de un pastor, en un país marcado por un profundo racismo antiindígena. El New York Times, en un reportaje sobre la toma de posesión de Morales (22 de enero) comentaba que su elección puede representar “el vuelco más radical en la persistente inclinación hacia la izquierda en Sudamérica hasta el momento, con un potencial para tener un gran impacto más allá de las fronteras de esta nación andina sin salida al mar”.
El gobierno de Bush, que ha regañado a Morales por su apoyo a los productores de hoja de coca en Bolivia, ha respondido cautelosamente a su elección. El Washington Post (21 de febrero) opinó en un artículo titulado “Funcionarios de EE.UU. suavizan actitud hacia el nuevo presidente izquierdista de Bolivia” que “al menos por ahora, el gobierno de Bush tiene la esperanza de que Evo Morales, quien alguna vez amenazó con convertirse en ‘la peor pesadilla para Estados Unidos’, sea alguien con quien puedan hacer negocios”. Los imperialistas están también conscientes de que Bolivia es un país muy pobre y que Morales tiene menos recursos a su disposición que Hugo Chávez en una Venezuela rica en petróleo.
Morales, un nacionalista burgués, está comprometido con un “capitalismo andino” y el “libre comercio”. Inmediatamente después de su elección viajó a Santa Cruz, un centro de la elite de negocios boliviana en el oriente del país, donde expresó simpatía a su demanda por la autonomía de esta zona respecto de la empobrecida región occidental. Morales también aceptó privatizar El Mutún, una de las minas de hierro más grandes del mundo, y ha buscado reforzar el respaldo de la burguesía nombrando en su gabinete a una galería de auténticos delincuentes entre hombres de negocios sombríos y seguidores de sus predecesores “neoliberales”. Así, Morales otorgó el Ministerio de Minería a Walter Villarroel, quien en un periodo anterior en el gobierno tuvo un papel de suma importancia en el desmantelamiento de la estatal Corporación Minera Boliviana (COMIBOL) y en la privatización de operaciones mineras. Tan sólo el mes pasado, trabajadores del Lloyd Aéreo Boliviano, la principal aerolínea del país, que estaban en huelga exigiendo que se nacionalice la compañía, tuvieron un enfrentamiento con la policía después de que Morales ordenara a las fuerzas policiales y militares tomar el control de los aeropuertos del país para romper la huelga.
Al llamar por “nacionalizar” los recursos naturales de Bolivia, Morales hace eco a un programa que tiene mucho tiempo ya en América Latina. La demanda principal de las protestas del año pasado en Bolivia por la nacionalización del petróleo y el gas es apoyable como medida de autodefensa nacional por parte de un país semicolonial frente a los imperialistas, a pesar de no tener un carácter socialista en absoluto. Con respecto a la expropiación de la industria petrolera por el régimen nacionalista burgués de Cárdenas en México en 1938, el dirigente marxista revolucionario León Trotsky escribió:
“El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mejicana en esta etapa. Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración... La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista.”
—“México y el imperialismo británico”, 5 de junio de 1938
Bolivia misma no es una extraña a las nacionalizaciones, aun en la industria petrolera. El gobierno militar de David Toro (1936-37) nacionalizó la Standard Oil Company de Bolivia sin compensación, creando una compañía petrolera estatal. Esta compañía se apoderó la Gulf Oil Company de Bolivia en 1969. Fue hasta 1996 que porciones significativas de las operaciones petroleras y del gas natural fueron privatizadas. Hoy la compañía brasileña Petrobras controla alrededor del 51 por ciento de las extensas reservas bolivianas de gas natural y 95 por ciento de su capacidad de refinería. Sin embargo, la mayoría de las reservas de gas natural no están siendo explotadas. La Asociación de Organizaciones de Productores Ecológicos de Bolivia señaló en un informe de 2005 que “Bolivia tiene ocho sectores que generan más empleo que el gas” y además “el sector petrolero en su totalidad proporciona trabajo a unas 600 personas, en su mayor parte extranjeros”.
El llamado actual de Morales por “nacionalizaciones” implica muy probablemente simples incrementos en los impuestos. Morales dijo al socialdemócrata In These Times (enero de 2006): “Nosotros queremos imponer impuestos a las transnacionales de una manera justa, y redistribuir el dinero a las pequeñas y medianas empresas.” En las elecciones presidenciales de diciembre, no sólo Morales sino cada uno de los candidatos propuso en alguna forma el llamado por la nacionalización de la industria del gas natural. Como hábil político, Morales busco sonar más radical que sus competidores, mientras simultáneamente trataba de no distanciarse demasiado de la burguesía boliviana ni de los imperialistas.
La “revolución” boliviana de 2005
El precursor inmediato de la elección de Morales consistió en una serie de levantamientos populares desde mayo hasta junio del año pasado. Los manifestantes protestaron contra el “neoliberalismo”: las privatizaciones generalizadas de instalaciones estatales y las medidas de austeridad dictadas por el FMI. La derrota de la huelga general de 1985 permitió estas medidas, lo que tuvo como resultado la privatización de minas bolivianas y otros recursos naturales, así como de las telecomunicaciones y el transporte. Mineros despedidos y campesinos fueron forzados a sobrevivir mediante pequeños negocios familiares u otras formas de autoempleo. Muchos de estos se mudaron a El Alto, originalmente un suburbio de la ciudad capital de La Paz, pero que es ahora una entidad independiente con una población aproximada de 800 mil personas.
El levantamiento de 2005 fue la última en una serie de luchas desesperadas de las masas empobrecidas de Bolivia. En el año 2000 hubo protestas plebeyas a gran escala en la tercera ciudad más grande de Bolivia, Cochabamba, luego de que el gobierno de Hugo Banzer accediera a las demandas del Banco Mundial y vendiera el sistema de agua de la ciudad a la Bechtel y otras corporaciones de países imperialistas, lo que condujo a incrementos en los precios del agua de al menos 200 por ciento. Esta “guerra del agua” llevó a que Bechtel abandonara su parte y demandara a Bolivia por pérdidas ante los tribunales estadounidenses. Otra revuelta explotó en septiembre de 2003 ante el anuncio de que las recientemente descubiertas reservas de gas natural serían conducidas por un oleoducto a través de Chile, un blanco histórico del nacionalismo boliviano desde la victoria de Chile en la “Guerra del Pacífico” de 1879-83, en la que Bolivia perdió su costa y su salida al mar. La “guerra del gas” de 2003 terminó con la designación del vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, como presidente, en una jugada en la que Morales fue pieza clave.
Las protestas y huelgas de mayo-junio de 2005 estallaron en El Alto luego de que el Congreso aprobara la ley de hidrocarburos propuesta por Mesa, la cual favorecía a los imperialistas. Los manifestantes hicieron numerosas demandas, incluyendo la de nacionalizar el gas y otros recursos, oponerse a la autonomía de la provincia más rica de Santa Cruz, y enjuiciar a Sánchez de Lozada por el asesinato de manifestantes en la “guerra del gas”. Mesa renunció el 6 de junio y se lanzó una convocatoria a elecciones para diciembre.
Las protestas de El Alto reflejaron la determinación de las masas oprimidas por resistir la explotación imperialista. Pero romper las cadenas de la opresión imperialista requiere una revolución proletaria dirigida por un partido programáticamente suficiente, es decir, un partido leninista-trotskista, para aplastar el dominio capitalista y establecer un estado obrero. Tal revolución ha de tener la perspectiva de extenderse por toda América Latina y, crucialmente, a los países capitalistas avanzados, particularmente EE.UU. Pero lo que ha faltado desde los inicios de las protestas en Bolivia es la participación de un proletariado organizado. A su vez, esto refleja no sólo la visión nacionalista pequeñoburguesa de los dirigentes de las protestas, sino también la devastación material y atomización de la clase obrera desde los años 80. Así, una de las razones de la burguesía para cerrar las minas estatales de estaño fue deshacerse de los miles de mineros, que habían estado entre los obreros con mayor conciencia de clase en América Latina.
El cambio en la composición social de las recientes protestas ha sido notado por numerosos individuos, incluyendo algunos que aplauden los “movimientos sociales” de Bolivia. Así, en un articulo que se encuentra en el website de la organización reformista Left Turn, “El Alto: Epicentro de la nueva resistencia boliviana” (19 de enero de 2005), Jim Straub escribió:
“Las ‘reformas’ económicas del FMI y el Banco Mundial barrieron con sectores enteros de la economía Boliviana —minería, manufactura y el sector público— que empleaban grandes números de revolucionarios organizados…
Denegada la supervivencia en sectores como la minería o el servicio público, los bolivianos desempleados gravitaron en torno a las pocas industrias donde había alguna oportunidad económica: el sector informal —que significa básicamente el masivo mercado negro y las ventas callejeras que dominan América Latina hoy día— y el cultivo de coca…
Mientras que antes mineros y obreros fabriles armados derrocaban gobiernos, el año pasado fueron las asociaciones indígenas de trabajadores de mercados informales y cocaleros combativos quienes forzaron al corrupto presidente Sánchez de Lozada a renunciar y abandonar el país.”
La revolución permanente y Bolivia
En países de desarrollo desigual y combinado, la debilidad de la burguesía nacional y la dependencia en el imperialismo hacen imposibles los logros alcanzados por la Revolución Francesa y otras revoluciones burguesas clásicas, las cuales sentaron las bases para la modernización económica y la creación de una sociedad industrial. Como Trotsky escribió en La revolución permanente (1931):
“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.”
Al explicar la perspectiva de la revolución permanente, Trotsky subrayó que: “La conquista del Poder por el proletariado no significa el coronamiento de la revolución, sino simplemente su iniciación. La edificación socialista sólo se concibe sobre la base de la lucha de clases en el terreno nacional e internacional.” La Revolución Rusa de 1917 rompió el imperialismo en su “eslabón más débil”: un país atrasado y principalmente campesino. Generalizando a partir de esta experiencia, Trotsky insistió en que el orden socialista, que proveerá abundancia material para todos, no puede ser construido en los confines de un solo estado. A fin de cuentas, el sistema capitalista tenía que ser destruido en sus puntos más fuertes, los estados industrializados avanzados. Había que vincular a los proletarios de los países más atrasados con sus hermanos de clase en Occidente a través de un partido revolucionario internacional.
La lucha de las masas obreras en Bolivia ha sido una confirmación negativa de la perspectiva de la revolución permanente. En 1952, en 1970-71 y de nuevo en 1985 el proletariado, con los mineros del estaño a la cabeza, llevó a cabo acciones poderosas, casi hasta e incluyendo la insurrección tal cual. Pero estas luchas fueron traicionadas por los falsos dirigentes obreros, quienes ataron al proletariado a su enemigo de clase sermoneando que es necesario aliarse con la supuesta burguesía “antiimperialista”. Los gobiernos de coalición (frentes populares) en los que los falsos dirigentes obreros participaron junto con los nacionalistas burgueses fortalecieron las fuerzas de la reacción capitalista, llevando una y otra vez a golpes militares y gobiernos bonapartistas.
Si bien las luchas pasadas fueron derrotadas debido a las traiciones de la dirigencia obrera, la devastación material de Bolivia —en particular el cierre de las minas de estaño y gran parte de la industria— plantea otro problema. El instrumental proletario para derrocar al capitalismo ha sido cualitativamente reducido. Echando un vistazo tan sólo a la relación de fuerzas dentro de Bolivia, este periodo no ofrece buenos augurios en la lucha contra el imperialismo y sus agentes de la burguesía local. Como Trotsky subrayó en La revolución permanente:
“En las condiciones de la época imperialista, la revolución nacional-democrática sólo puede ser conducida hasta la victoria en el caso de que las relaciones sociales y políticas del país de que se trate hayan madurado en el sentido de elevar al proletariado al Poder como director de las masas populares. ¿Y si no es así? Entonces, la lucha por la emancipación nacional dará resultados muy exiguos, dirigidos enteramente contra las masas trabajadoras...”
Los militantes radicalizados por las depredaciones del imperialismo y el capitalismo en Bolivia deben entender la necesidad de vincular las luchas de las masas bolivianas con las de países vecinos como Brasil, Chile y Argentina, donde existen concentraciones proletarias más viables, así como con las luchas de la clase obrera norteamericana. Esta perspectiva proletaria-internacionalista está dolorosamente ausente entre los seudomarxistas que se han entusiasmado con las recientes protestas y sus dirigencias pequeñoburguesas y nacionalistas burguesas.
Un caso ejemplífico en EE.UU. es el de la reformista International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), que celebró la renuncia de Mesa en un artículo del Socialist Worker (17 de junio de 2005) titulado “¡Victoria en Bolivia!” donde exclamaron: “A pesar de que la lucha por la nacionalización del gas y el petróleo aún no está resuelta, los movimientos sociales han dado un golpe espectacular a la oligarquía boliviana y el imperialismo estadounidense.”
También fatuamente entusiasmado por el levantamiento de 2005 está el Grupo Internacionalista (GI), cuyos miembros fundadores terminaron fuera de la Liga Comunista Internacional (LCI) a mediados de los años 90 debido a sus apetitos incontenibles por echar porras a fuerzas muy lejanas a la clase obrera. El GI nos señala con el dedo acusador en su Internationalist (diciembre de 2005). Pontifican:
“Por su parte, la ahora centrista tendencia espartaquista ha alcanzado un nuevo nadir histórico: los miembros de su grupo mexicano nos han criticado por plantear la formación de soviets en los sucesos bolivianos de mayo-junio. Dicen que se trata de algo imposible pues, según ellos, ‘no existe en Bolivia hoy en día una clase obrera’ (olvídense de las miles de fábricas que se ubican tan sólo en la ciudad de El Alto). En otras palabras, estos seudotrotskistas creen que es imposible una revolución socialista en Bolivia.”
A pesar de que el GI evoca “miles de fábricas que se ubican tan sólo en la ciudad de El Alto”, éstas no son, en su mayoría, “fábricas” en el significado usual de la palabra, sino pequeños talleres textiles y maquiladoras familiares. Como lo pone Straub, se trata de “gente sin un trabajo regular, sin representación sindical o incluso sin el proverbial Patrón contra el cual luchar”. Todo esto además de la gran tasa de desempleo en El Alto.
Escribiendo en CounterPunch (14 de octubre de 2005), Raúl Zibechi señala:
“Con respecto al empleo, El Alto se caracteriza por el autoempleo. Setenta por ciento de la población empleada trabaja en negocios familiares (50%), o sectores de seminegocios (20%). Estos trabajos son en su mayoría en los negocios de ventas y restaurantes (95% de la población empleada), seguidos por la construcción y la manufactura.”
Lo que frecuentemente pasa como “sindicatos” son en verdad grupos de artesanos y de autoempleados. Uno de estos casos es la Central Obrera Regional (COR), que fue un componente principal de las protestas de El Alto. Notando el surgimiento de federaciones de trabajo para mercaderes y artesanos en los años 70 con “una fuerte identidad obrera territorial”, Zibechi escribió: “Así, emergieron sindicatos y organizaciones de artesanos y vendedores, panaderos y carniceros, que en 1988 crearon la COR, que ahora incluye empleados de bares locales, casas de huéspedes y municipales. Estos grupos están mayoritariamente compuestos de dueños de negocios pequeños y trabajadores autoempleados, un sector social que en otros países no suele organizarse.”
Al leer la narrativa grandilocuente del GI sobre los sucesos ocurridos en Bolivia (tomados de su website bajo el pomposo nombre de “Bolivia: Batallas de clase en los Andes”), uno nunca sabría que ha habido cambios en el mundo en los últimos 20 años, ni en Bolivia ni en ningún otro lugar. El GI niega la magnitud de la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética y el retroceso en la conciencia proletaria alrededor del mundo que acompaña esta derrota. El propósito de esto es embellecer una realidad existente con la esperanza de hacer pasar como “revolucionarias” las extrañas fuerzas de clase a las que se acomodan —ya sean desgastados traidores estalinistas del estado obrero deformado de la RDA en Alemania oriental, sindicalistas oportunistas en Brasil, o similares (ver “El ‘grupo’de Norden: Vergonzosos desertores del trotskismo”, Boletín Internacional No. 38, diciembre de 2000, que se puede ordenar a la dirección dada al final de la presente traducción)—.
El GI es un maestro consumado en negar la realidad. Puede conjurar una sección fraternal en Ucrania con base en falsedades (ver “La idiotez de las villas Potemkin del GI ad absurdum”, Workers Vanguard No. 828, 11 de junio de 2004). El GI puede conjurar un proletariado donde a duras penas existe, si acaso, mientras por otro lado ignora poderosas concentraciones de clase obrera. Así, es notable que mientras el GI ha escrito toneladas de artículos sobre Bolivia (literalmente siete en solamente su publicación del verano de 2005), en gran medida ha ignorado el oriente asiático —China, Japón y Corea— que se ha convertido en el corazón industrial del mundo.
La Revolución de 1952
En 1952 la clase obrera boliviana, bajo la dirección de los mineros del estaño organizados en el sindicato minero FSTMB, fueron la punta de lanza de una oportunidad prometedora de revolución obrera. En abril de ese año una intentona de golpe detonó una insurrección en la que los obreros armados derrotaron al ejército. Se formó una poderosa federación obrera, la Central Obrera Boliviana (COB), que se convirtió en la autoridad principal no sólo para los obreros sindicalizados sino también para la mayoría del campesinado y la pequeña burguesía urbana. Mientras los mineros exigían el control obrero de las recientemente nacionalizadas minas de estaño y los campesinos se anticipaban a la prometida reforma agraria tomando extensos terrenos, el dirigente de la COB, Juan Lechín, se unía al gobierno burgués de Víctor Paz Estensoro y su Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Así, Lechín y otros “ministros obreros” se convirtieron en el instrumento de la burguesía utilizado para subordinar a las masas que se levantaban para enfrentar al régimen capitalista.
En ese momento, el POR (Partido Obrero Revolucionario), una organización autoproclamada trotskista, disfrutaba de gran influencia en la dirección ejecutiva de la COB. El POR estaba dirigido por Guillermo Lora, quien se hizo famoso por su menchevismo nacional y su desprecio por cualquier cosa fuera de las fronteras de Bolivia, vociferando que “Bolivia constituye la experiencia más rica del trotskysmo mundial”. Lora demostró su desprecio por las lecciones de la Revolución Rusa, y no en menor medida por la necesidad de la independencia política de la clase obrera. El POR apoyó la entrada de Lechín al gobierno burgués, manifestando que “apoya a la fracción de izquierda del nuevo gabinete” y pidieron a Paz Estensoro “consumar las expectativas de los obreros constituyendo un gabinete compuesto exclusivamente por hombres de izquierda de su partido [¡burgués!].” En contraposición, los bolcheviques en 1917 se rehusaron a dar apoyo alguno al gobierno burgués de Kerensky, denunciaron a los traidores de clase reformistas, mencheviques y socialrevolucionarios que se unieron al gobierno, y dirigieron a las masas obreras al aniquilamiento del gobierno burgués mediante una revolución proletaria (ver “Revolución y contrarrevolución en Bolivia”, Spartacist [Edición en español] No. 18, octubre de 1986).
La nacionalización de las minas de estaño y una modesta reforma agraria fueron algunas de las concesiones de la burguesía boliviana en 1952 como medio para contener la revolución. Sin embargo, como los eventos posteriores lo demostraron, tales reformas son eminentemente reversibles. De hecho, en cuanto la amenaza de revolución social se alejó, los capitalistas empezaron a movilizarse contra los obreros. El ejército fue reconstruido con dólares y consejeros estadounidenses, con base en un decreto firmado por Lechín, entre otros. Este ejército se hizo tristemente célebre por sus sangrientas matanzas de mineros combativos. Para 1957 el MNR estaba lo suficientemente seguro como para invitar a EE.UU. a que tomara las riendas de la economía boliviana bajo el “Plan Triangular” de austeridad y rompimiento de sindicatos.
Cuando el GI habla hoy de manera efusiva sobre la participación de los mineros de la FSTMB en las protestas, sólo está tratando de engañar a los lectores desinformados para que crean que la FSTMB es aún la punta de lanza de un proletariado combativo. Esto es pura chicanería. Entre 1985 y 1987 la compañía minera estatal del estaño redujo su número de trabajadores de 30 mil a 7 mil; luego las operaciones fueron privatizadas. La Biblioteca del Congreso [de EE.UU.], en su estudio sobre Bolivia, señala, “La reestructuración del sector minero nacionalizado, en especial los despidos masivos, había diezmado la FSTMB.” De hecho, la mayoría de la gente que hoy trabaja en la industria se dedica, junto a sus familias, a pepenar lo que queda de las minas cerradas o a la búsqueda de minerales en los ríos, vendiendo lo que encuentran en el mercado negro o en la calle. Su posición atomizada los acerca más a los buscadores de minas pequeñoburgueses que a los proletarios.
La COB, la histórica federación sindical de 1952, también ha cambiado radicalmente. Como Herbert S. Klein comenta en A Concise History of Bolivia [Una historia concisa de Bolivia] (2003): “La base de la izquierda radical ha sido transformada con el declive de la vieja central obrera, la COB, y la FSTMB minera y el surgimiento de las nuevas organizaciones campesinas… Pronto la CSUTCB [confederación campesina] obtuvo una mayoría en la COB y al final dominó su dirección y reorientó sus demandas hacia nuevos temas.”
Es una consecuencia lógica de las recientes protestas que el nuevo dirigente de Bolivia sea un campesino. Su cosecha, así como la de su base social, es la hoja de coca, que luego del colapso del mercado del estaño se ha convertido en un producto de exportación clave. ¡De hecho, el “sindicato” de cocaleros ha remplazado a la FSTMB como el componente más fuerte de la COB!
Los programas de erradicación de drogas impuestos por EE.UU. —llevados a cabo tanto por los gobiernos Demócratas como por los Republicanos— han arruinado financieramente a los cocaleros de Bolivia. Morales busca cooperar con EE.UU. para erradicar la producción de cocaína con la esperanza de que Washington le permita “despenalizar” la hoja de coca. La coca tiene muchos usos tradicionales. Muchos la mastican para aliviar dolores ocasionados por el hambre —un poderoso aliciente en el segundo país mas pobre del Hemisferio Occidental—. El gobierno de Bush, sin embargo, es previsiblemente hostil a cualquier cosa que tenga que ver con la coca. Esto pone a Morales en una situación difícil entre su base social y los imperialistas a quienes busca calmar. Como marxistas, nos oponemos a la “guerra de las drogas” de los gobernantes estadounidenses y llamamos por despenalizar el uso de drogas.
¡Por la revolución socialista en toda América!
Un gran número de comentadores ha predicho que si Morales no lleva a cabo sus promesas electorales, caerá como los dos presidentes anteriores. Esto puede ser verdad. Pero, de nuevo, Bolivia ha tenido casi 200 gobiernos desde que se independizó de España en 1825, y cada uno ha administrado la explotación económica y la miseria. Es debido a lo débil de la burguesía boliviana que un presidente puede ser derrocado principalmente por actividades tan simples como bloqueo de las rutas principales. En el contexto de un enorme atraso, la inestabilidad de Bolivia recuerda lo que Trotsky, refiriéndose a la ebullición social crónica en España, llamó “convulsiones crónicas en las cuales halla su expresión la enfermedad inveterada de una nación que se ha quedado atrás” (“La Revolución en España”, 24 de enero de 1931).
Confinados a las fronteras de Bolivia y con el proletariado ausente como fuerza organizada, los levantamientos sociales que se derivan de la inestabilidad del país sólo pueden terminar en alguna variante de gobierno capitalista. Lo que es crucialmente necesario es la construcción de un partido obrero revolucionario que pueda unir las luchas de las masas empobrecidas de Bolivia —particularmente las de los proletarios existentes— con la poderosa clase obrera que existe en otros países de América Latina, EE.UU. y otros lugares. Tal partido tiene que ser establecido en América Latina en oposición tajante a los nacionalistas burgueses y políticos reformistas de todo tipo.
También tiene que ser construido en oposición al chovinismo nacional que ha caracterizado por mucho tiempo incluso a la política “izquierdista” boliviana. El POR de Guillermo Lora concentró en gran medida su oposición a la dictadura de Hugo Banzer en los años 70 acusándolo de que había vendido la “madre patria” a Chile y Perú. El POR también acusaba a Banzer de traicionar la “gran tarea nacional” de recuperar el acceso al océano —un llamado implícito para la guerra con el afán de revertir la derrota de Bolivia frente a Chile a finales del siglo XIX—. La última vez que la encerrada Bolivia intento conquistar un “camino al mar”, la intentona culminó en la sangrienta Guerra del Chaco de 1932-35, en la que Bolivia enfrentó a Paraguay por la región potencialmente rica en petróleo de El Chaco y el acceso al Río Paraguay como ruta al Océano Atlántico. Con la Standard Oil en apoyo de Bolivia y la Shell Oil del lado de Paraguay, la guerra terminó en una derrota para Bolivia e intensificó el nacionalismo boliviano. Cuán enraizado está este sentimiento nacionalista se demostró en las recientes protestas de la “guerra del gas”, cuando las denuncias chovinistas contra Chile por “robar” el gas natural de Bolivia fueron rampantes.
La tarea de arrancar a Sud y Centroamérica del atraso y la subyugación al imperialismo recae en el proletariado de la misma región. Como Trotsky subrayó en el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial” (mayo de 1940):
“La consigna que presidirá la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta explotación de las camarillas compradoras nativas será, por lo tanto: Por los estados unidos soviéticos de Sud y Centro América…
“Sólo bajo su propia dirección revolucionaria el proletariado de las colonias y las semicolonias podrá lograr la colaboración firme del proletariado de los centros metropolitanos y de la clase obrera mundial. Sólo esta colaboración podrá llevar a los pueblos oprimidos a su emancipación final y completa con el derrocamiento del imperialismo en todo el mundo.”
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2015.06.30 01:29 RaulMarti Carta sobre Grecia desde Sao Paulo(Brasil)y respuesta desde España.Como en los siglos V a III a.c.,los griegos siguen dando lecciones al mundo

(DE UN PERIODICO BRASILERO) "O bombardeio de Junckers, da União Europeia, sobre a Grécia. 29 de junho de 2015 11:27 Autor: Fernando Brito junckers Sem nenhum pudor, o presidente da Comissão Europeia, o conservador Jean Claude Junkers, recomendou aos gregos votarem “sim” no referendo de domingo, afirmando que esste é o voto na “permanência no euro” – e que o “não”(NO) será visto por todo o mundo como ” vontade (voluntad) de se distanciarem da Europa.” – Digo ao povo grego, não deve cometer suicídio porque tem medo da morte” É mais um passo na escalada da guerra capitaneada pela Alemanha para pressionar os gregos, embora Ângela Merkel tenha acabado de declarar que “ninguém deve tentar influenciar o referendo grego”, mas… – Temos apenas de apontar (lhes) as consequências… Ironia a Alemanha usar um Juncker, uma variação do alemão Junker e não resisto a transcrever, da Wikipedia, a origem do nome, que depois ficou famoso por causa dos bombardeiros germânicos, em vários modelos, o primeiro deles o Junkers Ju 87, o Stuka, voando sob as cores (bajo los colores) da Espanha de Franco, com a Legão (Legión) Condor. “Junkers eram denominados os membros da nobreza constituída por grandes proprietários de terras nos estados alemães anteriores e durante o 2.º Reich(1871-1918). Essa aristocracia latifundiária teve importante papel na construção do Reino da Prússia, a partir do século XVIII. Diferentemente das nobrezas da França e da Inglaterra de então, os Junker dedicavam-se diretamente à administração da atividade agrícola. Tal como em algumas zonas de plantation nas Américas, os trabalhadores nas propriedades dos Junker eram povos(pueblos) conquistados militarmente e despojados de quaisquer direitos ou propriedades. Nem metáfora a gente pode chamar em relação ao que estão fazendo com os gregos, não é?(¿verdad?) O país vai às urnas no domingo sob a ameaça de ficar completamente sem dinheiro, porque o Euro fez com que abrissem mão da sua, o dracma. A população chantageada pelo medo. 75 anos depois da ocupação da Grécia pelos nazistas, que matou mais de 300 mil pessoas, o berço da civilização ocidental tem, de novo, de viver o drama da rendição ou “morte”.- RESPUESTA DESDE ESPAÑA ".Compañero: El gran imperio de la burguesía es "EL IMPERIO DEL MIEDO"
Si gana el voto favorable a ceder al chantaje, de cualquier manera no creo que sea por una mayoría abrumadora, y en tal caso,la minoría,seguramente importante,demostrará AL MUNDO que ya empieza a haber gente que no tiene miedo.
Si gana Syriza,¡ni te cuento!;será un momento histórico en que un pueblo (no un grupo político) comienza a darse cuenta de que LOS MAS,YA NO TIENEN MIEDO A PERDER LO QUE NO TIENEN. En definitiva y como decía Marx,no tienen miedo de perder las cadenas.-
Dos o tres precisiones más.
No dice Wikipedia claramente(no sé por qué)que los "Junkers" eran UNA CLASE MILITAR, heredera de los "Caballeros Teutónicos" medievales, y que era característico en ellos el "VON"(equivalente a nuestro "DE";Dolores DE Cospedal,por ejemplo,ilustre dama de este estupendo gobierno de nuestros "JUNKERS"que nació COSPEDAL sólo, y se agregó el "DE")
Estos "VON", estamento militar, fueron los que a través de VON BISMARK ( "el canciller de hierro",vencedor EN LA GUERRA FRANCO-PRUSIANA en 1871),fueron los que consolidaron la unidad alemana,en lo que es hoy ese gran país,fragmentado hasta ese entonces en estados diversos.-
Von Clausewits,militar "off course", escribió un tratado sobre la guerra que hasta hoy se estudia en las Academias del mundo entero, y es el autor de aquella famosa frase:"La guerra es la continuación de la política por otros medios"
Y fueron "VON" entre otros , Papen(canciller del III Reich), y los generales y mariscales nazis Kesselrring,Fritsh,Braunchitsh,Neurath,Manstein,Runsted,Stauffenberg (el del atentado contra Hitler en 1944), Paulus,vencido y preso en Stalingrado entre otros.
Entre sus "hazañas" se cuenta el gustoso asesinato de Karl Liebnecht y Rosa Luxemburgo a manos de la tropa bajo el mando de los generales alemanes (los "Von") perdedores de la guerra 1914/1918,"obedientes" al gobierno SOCIALDEMOCRATA de la época.(De la familia de "nuestro" PSOE)
Misiones militares formaron ejércitos en América(Chile),Argentina en parte,etc.y sus teorías y hechos de guerra fueron materia de estudio en todo el mundo.-
Con respecto a la INTERVENCIÓN de Junker (el del Consejo de Europa):durante mucho tiempo en el mundo se bocineaba la importancia de la NO INTERVENCION en los asuntos internos de los estados.-
En América,y pese a algunas violaciones,funcionó la "doctrina Estrada" del Ministro Mexicano de RREE de igual nombre,que sentó cátedra en el continente , y en general fué respetada, excepto por los EEUU (cosa extraña !).-
Y por último,con respecto al miedo: "nuestro" Pachecho Areco hizo su campaña (1967) en los cantegriles , pueblos de ratas ("villas miseria" en Argentina,:"chabolas" en España) y población marginal de nuestro país,(Uruguay)amedrentándolos con que si ganaba la izquierda,les expropiarían sus ranchos de lata y cartón , y sus hijos sería llevados nada menos que ¡A CUBAAAA!!!
Bien dice aquí Pablo Iglesias,que "la casta" no le tiene miedo en España a IU,al PCE, a Podemos.-
A lo que le tiene miedo y EN EUROPA !, (lo demuestra Herr Junker)ES AL PUEBLO !!!
Otra vez los griegos,como en los siglos V a III a.c., están dando lecciones al mundo.-
 EL PUEBLO UNIDO,UNIDO VENCERÁ ¡VIVA GRECIA Y SU PUEBLO !!! 
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